Pensar que todavía hay gente que sigue sepultando a los San Antonio Spurs y apostando a su desaparición. Mientras tanto, Gregg Popovich se ríe metafóricamente.
El entrenador de los texanos es mitad científico loco y mitad viejo lobo de mar, en el mejor sentido de la palabra. Su sistema es independiente de los nombres, pese a que el trío formado por Tony Parker, Manu Ginóbili y Tim Duncan se lleva (y merecidamente) una buena parte del crédito.
La maquinaria de los Spurs hay que entenderla con el tiempo, observando los detalles, rebobinando el video y congelando imágenes para ver qué es lo que pasó.
Milagrosamente siempre hay una camiseta albinegra intentando un tiro desmarcado con segundos de sobra en el reloj de posición. He ahí la magia del gran Pop: todos saben lo que va a hacer y sin embargo lo hacen igual, de manera efectiva, y así se siguen acumulando los tiros.
En el año 2014 ya quedan pocos misterios por develar. El libreto de jugadas es más viejo que el viento y aunque estas tienen sus variaciones no es nada que no se haya ya inventado. Es más, los mismos equipos que intentan año tras año destronar a San Antonio utilizan muchos de los mismos mecanismos, y la lógica indica que deberían saber cómo frenarlos cuando se encuentran con ellos.
Los entrenadores se conocen. Muchos se juntan en las temporadas bajas y comparan notas. Popovich, a pesar de su reputación de gruñón, es una persona accesible y abierta a compartir y a aprender, a pesar de todos los títulos y los logros en sus vitrinas. Por si fuera poco, la NBA está cada vez más llena de discípulos suyos (Monty Williams, Jacque Vaughn, Mike Budenholzer, Mike Brown, Brett Brown, entre otros) y todos han aplicado esos conocimientos en sus propios conjuntos.
La pregunta entonces es ¿cómo puede ser que se sigan dando partidos como el del martes? Después de todo, Tony Parker jugó un partido increíble, pero a la hora de los rankings y los premios de final de temporada todos se olvidan del francés. Algunos colegas, prisioneros del momento si los hay, hasta quisieron aventurar que el joven Damian Lillard es mejor que el tres veces campeón y ex JMV de las Finales en 2007. Obviamente los hechos y el hechizo de Popovich los vuelve a dejar en ridículo.
Ahora están por segundo año seguido en las Finales de la NBA y van en busca de la venganza ante el Miami Heat.
Por Rodrigo Azurmendi - ESPNDeportes.com Seguir @All_SportNews




