El Barça se apaga. Se apaga sin que se adivine reacción, sin que se sospeche despertar, sin que se contemple un futuro, inmediato, mejor. Dos goles de Puyol y Xavi en la recta final del partido ante el Almería borraron los pitos de la afición del Camp Nou pero no escondieron la decadencia que se teme envuelve a este equipo.
Desde la temporada 2007-08, la última de Rijkaard en que se hundió aquel Barça de Ronaldinho, no perdía el Barça dos partidos consecutivos lejos de Barcelona y las sensaciones que se observaban en aquel entonces no fueron, para nada, distintas a las que se contemplan ahora.
Empezando por un DT cuyo discurso suena lejano y extraño y acabando por unos jugadores cuyo deambular por el terreno de juego despierta más tristeza que optimismo, al campeón le ha abandonado el futbol. De mala manera.
Mientras el Valladolid mordía, el Barça no se encontraba. Da la sensación de que partidos como este molestan en el calendario, pero, peor aún, se adivina que la implicación del entrenador con lo que es el 'universo azulgrana' es poco menos que inexistente.
El vocabulario de Martino se denota cada día menos cercano al club. "Parece que esté haciendo un favor a alguien por entrenar al Barça", se escuchó, ya antes de empezar el partido en Zorrilla, en una emisora de radio. Lo que pasó después ya es el derrumbe.
¿Y AHORA QUÉ?
"No hay que reprocharse nada. No hay que darle más vueltas", proclamó Dani Alves tras el partido antes de retar a quien no crea en el equipo: "Quien no crea en nosotros que se baje del barco". El barco de Alves es el que ha perdido 13 de los últimos 27 puntos en disputa y que navega como el Titanic, sin tener conciencia de que el rumbo le lleva a la tragedia.
Avisado por la derrota en Anoeta, Martino decidió tirar por el camino del medio en Valladolid y no reservó nada. Si acaso a Alba, que se quedó en Barcelona, pero sin inventos en la alineación les dio a sus jugadores la responsabilidad de reencontrarse.
Y en apenas un cuarto de hora de partido quedó claro el camino que ha tomado el equipo, sin orden arriba en los despachos, sin decisión en el área técnica y sin rumbo en el campo. A la que Messi (8 goles en los últimos 6 partidos) dejó de marcar se secó el equipo, a la que Iniesta desapareció de la alineación se perdió el tono, a la que Busquets perdió fluidez, el futbol acabó por desaparecer.
Y a todo esto, a Neymar aún se le espera. Presentado como la quintaesencia del futbol mundial, el brasileño lleva camino de completar una temporada entre el desastre y el horror. Debía ser el acompañante perfecto para Messi y, como comenzó a bromearse hace algunos días, lleva camino de convertirse en el sucesor de Robinho.
Después de meses de rotaciones, de palabras, de ánimos, de proclamar que en marzo empezaba la hora de la verdad, la verdad escupe que el Barça parece un cadáver.
No depende ya de si mismo en la Liga y aunque es cierto que puede ganar los tres títulos en disputa, las sensaciones futbolísticas invitan a un pesimismo indisimulado. Si llega la hora de la revolución, ésta no puede esperar ya ni un minuto. Empezando por Zubizarreta y acabando por Bartomeu, el Barça precisa moverse.
De Martino poco se puede decir. Es el mismo hoy que hace siete meses. El mismo al que se elogiaba por su confianza en los futbolistas es el mismo al que se condena precisamente por lo mismo. Es, el Tata, un entrenador que aterrizó en Barcelona por accidente, sin tener claro qué es este club.
Y llegado en un momento de declive deportivo, quedó claro que Gerardo Martino no tenía mucho a decir.
Por Jordi Blanco - ESPNDeportes.com Seguir @All_SportNews




