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Rajon Rondo enfrentará un futuro incierto en Boston


¿Cómo termina esto? ¿A un ritmo cruel y lento, con aplazamiento tras aplazamiento hasta que, de repente, ya no haya más aplazamientos? ¿Acaba sin finalizar realmente? Ahora que la fecha de canje se desvanece en el espejo retrovisor, Rajon Rondo todavía está con los Boston Celtics, una realidad que comienza a sentirse como permanentemente temporal. El verano pasado, los Celtics se deshicieron de dos futuros integrantes del Salón de la Fama y un entrenador también con calibre de Salón de la Fama en cuestión de días, asegurando que ellos estarían entre los peores equipos de la NBA en la temporada 2013-14. Todo lo que parecía quedar era el activo más valioso y berrinchudo del equipo, un base de 27 años obscenamente talentoso que se recuperaba de una ruptura de ligamento cruzado anterior, y que parecía seguro de ser el próximo en marcharse.

Actualmente, los Celtics de hecho son un equipo malo. Son un equipo malo que juega duro, son un equipo malo que es bien entrenado, es un equipo malo con algunos jugadores buenos que están a punto de convertirse en jugadores muy buenos. Al principio, ellos lograron de más, consiguiendo un récord de 12-14 en la abismal Conferencia Este a mediados de diciembre, mientras generaban esperanza genuina entre sus aficionados (o, dependiendo de dónde se ubicaran en la pregunta de "reconstrucción", miedo auténtico), de que quizá estuviéramos viendo a los Phoenix Suns del Este.

Pero no lo estamos viendo. Desde entonces, los Celtics se han ido 7-22, y ahora asemejan de lleno a la colección de jornaleros, trabajos en proceso y carnadas de canje rechazadas que siempre pensamos que eran. Y por supuesto, está ese base, todavía aquí, que sigue siendo ese base. Desde que volvió a la actividad el 17 de enero, Rajon Rondo ha jugado de acuerdo a su estándar, promediando 15.2 puntos, 9.4 asistencias y 6.4 rebotes durante siete juegos en febrero. Él ha vuelto a su magistral reparto de balón y asistencias deslumbrantes, aunque él le está pasando el balón a Chris Johnson y Kelly Olynyk en lugar de a Paul Pierce y Kevin Garnett, pese a que cada día hasta hoy ha generado rumores de que podría ser su último vistiendo los colores verde y blanco.

Ahora sabemos que ese día no llegará, al menos por un tiempo más, un alivio agridulce para los aficionados de los Celtics que ahora han pasado gran parte del año con una relación que parece Síndrome de Estocolmo con Danny Ainge, el presidente del equipo. El acuerdo que envió a Garnett y a Pierce a los Nets a cambio de selecciones de draft y desecho de sueldos fue impactante, y en el caso de Pierce, doloroso. Pero tuvo sentido: no había dudas de que Pierce y KG estaban en el declive de sus carreras, y había pocas dudas de que Brooklyn los sobrevaloró. Fue un movimiento inteligente de una directiva cuyo estilo despiadado ya se había ganado el beneficio de la duda casi incondicional de su base de aficionados (un logro raro para los deportes en Boston, y uno que es disfrutado actualmente por todos los equipos principales de la ciudad).

Rondo es diferente, o al menos nos gustaría pensar eso, y a él también. Está en su mejor momento, e indiscutiblemente es la joya de la corona en la gestión de Ainge, reclutado con la selección 21 del draft 2006 y criado hacia el estrellado. Su frialdad idiosincrática ha llevado a muchos a etiquetarlo como "erudito", ubicado en los niveles inferiores del espectro del básquetbol, pero él es más como un rebelde, un artista que rompe los moldes con desprecio a propósito, como si tuviera que comprobar que no solamente es mejor que el mundo, sino también más inteligente. Un filósofo alguna vez señaló que "el talento acierta un blanco que nadie más puede acertar; los genios aciertan un blanco que nadie más puede ver", un comentario que quizá haya sido inspirado por un pase como éste. O, poniendo un ejemplo que no es de básquetbol, está el que Rondo es legendariamente eficiente en Connect Four, un juego que la mayoría de nosotros piensa que es muy sencillo, hasta que alguien comienza a ganar cientos de ocasiones consecutivas, hasta el punto donde quizá nosotros seamos los simples mortales.

Él también es competitivo de forma miope, aparentemente impulsado no solamente por el deseo de ganar, sino por el placer de vencer a todos los demás. Esto no se presta a ser una "persona sociable", y el distanciamiento de Rondo lo ha convertido en un personaje seductor pero emocionalmente estresante para los aficionados de los Celtics. En su esencia, la afición deportiva requiere una inversión emocional irracional en las habilidades físicas y mentales de los extraños, al igual que una creencia igual de irracional de que dichos extraños producirán una devolución a dicha inversión. Hay algo acerca de Rondo que se siente deliberadamente misterioso, y nuestras pasiones más obsesivas y peligrosas son aquellas que constantemente tememos que no serán correspondidas: ¿Rondo nos ama de la misma forma como nosotros lo amamos? ¿Alguna vez seremos dignos de eso, o él siquiera es capaz de eso? ¿Él nos odia siquiera por preguntarnos eso? Esas se han vuelto interrogantes para quitarnos el sueño, en lo que se suponía sería una temporada para dormirse (y carente de sueños).

Todo se complica aún más por el hecho de Ainge es el cerebro en Boston que los aficionados veneran de la misma forma que a Rondo. La relación del gerente general con Rondo es una batalla perpetua, quizá porque son muy parecidos dos personas que, en secreto, creen que son la persona más inteligente en cualquier habitación donde se encuentren, siempre tendrán problemas para coexistir. Ainge estuvo cerca de lograr un canje espectacular con Rondo remontándonos hasta 2009, y desde entonces, los rumores de Rondo han flotado por Boston de forma tan confiable como los Botes de Cisne. El pasado otoño, Ainge confesó que intentó canjear a Rondo por Chris Paul en 2011, una confesión retroactiva calculada que parecía cargada con importancia en el presente.

Desde entonces, cada protesta de Ainge de que no tiene intención de mover a rondo solamente ha incrementado los miedos de que un divorcio es inminente. Ainge sigue insistiendo de que Rondo es el futuro, pero entre más sujetas esa píldora en tu boca, se hace más dura de tragar, y todos los años en que Ainge ha negado los rumores de canjes, aunque no extinguieron totalmente la flama, hicieron que él sea alguien difícil de confiar. También hace imposible que no pensemos que quizá él sepa algo acerca de Rondo que nosotros no sepamos.

Y por supuesto, nosotros no sabemos mucho, y Rondo no dice nada. Él ha dado indicios de que planea intentar la agencia libre en el verano de 2015, comparándolo con el proceso de reclutamiento universitario que se perdió (Rondo nunca ha perdonado a la universidad de su ciudad natal, la Universidad de Louisville, por no reclutarlo y tiene un odio perpetuo contra el entrenador Rick Pitino, dándole al menos algo en común con los aficionados de los Celtics). Y, francamente, la situación lógica sería que él se marchara, que buscara silenciosamente un canje en el receso veraniego, o comenzara a buscar una estrategia de salida a largo plazo para 2015. Después de todo, Rondo y los aficionados de los Celtics saben que la forma en cómo está construido el equipo actualmente no le da la mejor oportunidad para ganar.

Pero quizá algún día se la dé, y dependiendo de la suerte en el draft de la lotería, ese día quizá llegue antes de lo que creemos. Hay una diferencia entre querer ganar y querer vencer a la gente: la segunda viene de un complejo de superioridad que, paradójicamente, se origina de la inseguridad, y es más patológico que lógico. La molestia de Rondo cuando Ray Allen se marchó de Boston a Miami en 2012 no fue simplemente porque Allen se iba, sino hacia dónde se iba: se había unido al equipo que los acababa de vencer, en lugar de intentar cobrar la afrenta. Había elegido ganar, y no vencer a la gente.

Desde este punto de vista, es más fácil imaginar que Rondo se quedará, siempre y cuando Ainge se lo permita. Esperemos que lo haga, y cuando Rondo finalmente deje a los Celtics, sea mchos años después, en una situación distinta a la actual. Todo termina, pero les aseguramos que Rondo intentará que su final sea mucho mejor que el de todos los demás.

Por Jack Hamilton - ESPN.com