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Jamal Crawford ha logrado evolucionar hasta el punto de ser un asesino silencioso


En esta versión reciente de Los Angeles Clippers, muchos se llevan los reflectores antes que Jamal Crawford.

El escolta es eclipsado obviamente por Chris Paul y Blake Griffin, así como por DeAndre Jordan, el nuevo miembro del Big 3 angelino.

Doc Rivers se lleva todo el otro reconocimiento, en su doble papel de entrenador y líder de la parte ejecutiva. Sin embargo, casi desde su llegada al sur de California, Crawford ha sido una pieza clave en la misión que tienen los Clippers.

El francotirador, para empezar, resignó dinero para ser parte de un equipo candidato.

Su vínculo de cuatro temporadas y $25 millones estuvo sin dudas por debajo del precio en el mercado libre de un jugador de su experiencia y características.

Además, cansado de pasar de un equipo a otro y de casi nunca pelear por un título (debutó en playoffs a los 30 años), el oriundo de Seattle decidió radicarse en la costa Oeste, aún sin tener la titularidad asegurada.

La temporada pasada le tocó jugar desde el banco, un rol que fue aprendiendo y que le permitió ser nombrado Mejor Sexto Hombre en 2010.

Primero Chauncey Billups y luego Willie Green arrancaban los partidos, mientras que Crawford generalmente los cerraba en cancha.

Esta campaña la llegada de J.J. Redick aseguró que su puesto se mantuviera igual. Después de todo, Crawford tuvo una fantástica temporada 2012-2013, quedándose en la puerta de un lugar en el Juego de Estrellas y luego segundo en la votación del Mejor Sexto Hombre.

Lo que cambió todo fue la llegada de Rivers y un cúmulo de lesiones que le abrieron la puerta.

A diferencia de Vinny Del Negro, quien con el afán de no romper la química de la segunda unidad jamás le dio más protagonismo, Rivers le dio la titularidad a Crawford una vez que Paul y Redick cayeron lesionados.

La necesidad de mantener funcionando la ofensiva era más importante que los roles asignados, y eso le permitió a Crawford brillar por todo lo alto.

"Hablamos con Blake luego del juego ante Dallas", dijo Crawford sobre la conversación que tuvo con el delantero al momento de la lesión de CP3. "Decidimos que teníamos que elevarnos en su ausencia".

Y vaya si lo hicieron. El crecimiento de Griffin ha sido documentado aquí y en otros medios, pero las actuaciones de Crawford merecen su propio espacio.

El escolta promedia esta temporada 18.6 puntos (25to en la NBA), 3.3 asistencias y 2.3 rebotes, con el séptimo mejor PER (17.81) entre los jugadores de su posición.

Sus actuaciones han sido aún mejores desde que se lesionó Paul el 3 de enero. En su ausencia Crawford aportó 21.7 puntos y 4.8 asistencias, disparando 41.7 por ciento desde el campo, 38.2 en triples y 90.5 desde la línea.

Lo más increíble que su aporte va más allá de lo número.

Rivers le ha dado la tarea de generar juego, de ayudar en el rebote defensivo y, sorprendentemente, de colaborar en defensa.

Crawford, de pésima reputación en ese lado de la cancha, ha logrado evolucionar hasta el punto de ser un útil defensor en equipo.

"Mi desarrollo está directamente relacionado a Doc Rivers", asegura. "Hoy, a los 34 años, soy un mejor jugador gracias a él".

Su presencia en el equipo es una de las más sensatas. Gary Sacks y Andy Roeser en su momento acertaron plenamente, ya que pocos jugadores representan el cambio de cultura que buscan los Clippers.

Dentro de la cancha Crawford es quizás de los jugadores más divertidos para ver. Sus triples desde 30 pies sobre el final de los cuartos, su indescifrable manejo de balón y su afinidad por el show lo convierten en un miembro honorario de Lob City.

Al mismo tiempo, fuera del parquet el escolta es quizás el jugador más sincero y amable de la NBA. Esto se refleja tanto con la prensa como con sus fanáticos, a los cuales les responde religiosamente a través de su cuenta de Twitter (@JCrossover).

En ese aspecto lo que lo hace destacarse es su mezcla de educación con honestidad, todo sin jamás elevar el tono de voz, aún cuando se encuentra contrariado por alguna razón.

Una de ellas es el poco reconocimiento que recibe por parte de los entrenadores de la liga. A sus 34 años el ocaso de su carrera se acerca, y la ilusión de principio de año volvió a convertirse en desazón en febrero.

"Voy a mirar y a apoyar a Chris y a Blake en el Juego de Estrellas, aunque cada año se me hace más difícil ver el partido", fueron sus palabras tras el triunfo ante Portland Trail Blazers.

Palabras que pasaron desapercibidas por su personalidad y por el poco reconocimiento que le dan fuera de Los Ángeles.

Pese a eso, su amor por la pelota es más fuerte que el cansancio y dijo que no planea descansar durante el receso. "Juego todos los días de mi vida", aseguró. "Si no lo hago al segundo día el balón se siente extraño en mis manos".

Crawford no se detiene. Sabe que quizás solo un anillo le otorgue el respeto que busca, y que desde un tiempo para acá, merece.

Por Rodrigo Azurmendi - ESPNDeportesLosAngeles.com