El pasado verano Mikhail Prokhorov completaba su particular plan quinquenal y convertía a los Nets en una de las grandes sensaciones de la nueva temporada tras la llegada de figuras como Paul Pierce y Kevin Garnett. Brooklyn pasaba, de la noche a la mañana, en aspirante a todo gracias a la plantilla más cara de la NBA (101 milones de dólares) y con calidad de sobra (36 'all stars' entre Pierce, Garnett, Lopez, Deron, Johnson y Kirilenko) para poder soñar con el anillo.
El equipo que recaía en manos de uno de los grandes nombres de la NBA en las últimas décadas: Jason Kidd. El actual entrenador de los Nets colgaba las botas el pasado mes de junio como miembro de los Knicks y, días después, Prokhorov ponía en sus inexpertas manos su ambicioso proyecto.
Una apuesta arriesgada que, hasta la fecha no ha dado los frutos que de ella se esperaba. Kidd no ha conseguido dar con la tecla y su nombre aparece más relacionado con algunas de sus dudosas decisiones, como el'Sodagate' y deshacerse de Lawrence Frank, que por hacer jugar a su equipo como de él se esperaba. El resultado, un balance de 9 victorias y 17 derrotas y fuera de los puestos de 'playoffs'.
Sin embargo, no todo son malas noticias en Brooklyn. Por lo menos para Paul Pierce. El veterano alero ha recuperado el optimismo tras la victoria ante su ex equipo y apunta que los Nets siguen aspirando a todo: "Todavía podemos ganar el anillo", aseguró Pierce, que volvió a ser suplente tras siete temporadas siendo titular.
"Tenemos el potencial y el talento de un equipo campeón", afirmó el alero. "Todo es cuestión de estar todos juntos, sanos, y ver cómo funcionan las cosas. Me gustaría vernos a todos sanos y ver hasta dónde podemos llegar".
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