Hay verdades que duelen, realidades desagradables que hay que afrontar con tanta pena como entereza, con esa resignación que sólo el tiempo cura.
Steve Nash encendió una llama en su época de High School que fue avivada en Phoenix Suns y Dallas Mavericks. Muchos desearían que fuera eterna, imperecedera, pero inevitablemente se está apagando poco a poco en su etapa en Los Angeles Lakers, donde llegará a los 40 años de edad en febrero. Allí la llama se debilitará con el leve pero eficaz vaivén del aire del tiempo, ése que menea el fuego de un lado a otro hasta que termine por consumirlo definitivamente.
Y esa consumición final está cerca, muy cerca; le pese a quien le pese. El irrefutable esplendor de Nash ya es historia y en la actualidad estamos siendo testigos de los últimos coletazos de un futuro miembro del Salón de la Fama y uno de los mejores armadores que han pasado por la NBA. Todo lo bueno se acaba.
Su explosividad, su manera de correr la cancha, su verticalidad, esas asistencias que sólo él es capaz de ver, su efectividad a canasta, en los tiros libres, su cadencia, su inteligencia, su carácter, su humildad... son tantos los atributos de este jugador con mayúsculas, que se ha convertido en el espejo de muchos, demasiados, compañeros y rivales de la élite del basquetbol.
El domingo pasado, Nash se tuvo que retirar poco antes del descanso del juego ante Minnesota Timberwolves. Atendió a los medios en las entrañas del Staples Center justo antes de marcharse y explicó que las secuelas de la fractura en la pierna izquierda que sufrió durante la temporada pasada y que le obligó a perderse 24 partidos (en total no pudo participar en 36 citas por otras lesiones relacionadas) afectaron a los nervios de su ya maltrecha espalda.
Estará de baja por un periodo mínimo de dos semanas y el rostro del armador era el de la desolación.
"No sé si es el momento de hablar de esto ahora, me puedo emocionar", señaló capeando el interés de los reporteros sobre su estado.
Estas palabras salieron de su boca con la cabeza gacha, mirando al suelo y con un hilo de voz controlado para que no alterara su compostura más de la cuenta. Su ilusión se derrumbó momentáneamente, el trabajo que desempeñó todo el verano para seguir siendo un armador incontestable se tiró por tierra y la idea de la retirada junto a la mezcla amarga del quiero y no puedo acabaron por hundirle. Sobraban las palabras en aquella intervención.
NÚMEROS EN DECLIVE
Nash sintió en aquel momento que el final se acerca, algo que sus números se empeñan en probar. Es el jugador con mejor promedio en tiros libres de la historia de la NBA con un 90.4 por ciento de efectividad desde la línea (3,049/3,372), el mismo porcentaje que Mark Price, con casi mil veces menos intentos que el canadiense (2,135/2,362). Sin embargo, su periplo en los Lakers está dejando mucho desear en su segunda temporada vistiendo el púrpura y oro (es la decimoctava campaña en la NBA del jugador más longevo de la liga en la actualidad).
Su efectividad ha bajado enteros, y es que el 26.1 por ciento en tiros de campo de esta campaña se aleja mucho del 49.0 por ciento logrado a lo largo de su carrera (en dos puntos, su balance es de 21.2 por ciento este año frente a 51.8 por ciento en su carrera; en triples, esta campaña cuenta con 38.5 por ciento frente a 42.8 por ciento). Su PER de este año (medición de aspectos positivos y negativos por minuto de juego) es de 6.9, una cifra menor de la que logró durante el resto de las temporadas que acumula como profesional (20.0) y de la media (15.0).
Según el Departamento de Estadísticas de ESPN, Nash ha sido extremadamente poco efectivo en jugadas al aro después de fintar, tan sólo logró concluir seis sobre 29 intentos. Con un 20.7 por ciento de efectividad a canasta en tiros de campo nacidos de las fintas, el armador se coloca en el puesto 92 de los 101 jugadores que componen la liga. Su explosividad y capacidad de driblar se están apagando.
Los Lakers están siendo menos efectivos este año con Nash sobre la duela. Cuando el base juega, los laguneros alcanzan un promedio de 94.4 puntos (36.5 por ciento en tiros de campo), 29.9 puntos en la pintura y 12.1 puntos llegados de pérdidas de balón del contrario. Cuando no está, su equipo alcanza los 98.8 puntos (42.8 por ciento), los 38.1 puntos en la pintura y 16.6 puntos por pérdidas de balón contrarias. Estas cifras indican que ya no tira del carro como hace unos años.
La eficiencia ofensiva también es mayor sin Nash sobre el parqué (97.7) y menor cuando juega (89.2). Defensivamente, la eficacia del equipo es muy similar (103.8 sin él y 103.3 con él). Y la excepción que rompe la regla llega con el factor ritmo (posesiones por 48 minutos), que es mayor con el armador en juego (104.77 frente al 101.69 sin él), tal y como informa el Departamento de Estadísticas de ESPN.
Pero el dato más demoledor es el hecho de que su recambio natural en la posición de base, Jordan Farmar, está haciéndolo mejor que él. El recién llegado cuenta con 9.5 ppj, un balance de 38.4 por ciento de efectividad, 4.3 apj (única faceta en la que Nash se impone ligeramente) y un PER de 12.2. El veterano jugador cuenta con 6.7 ppj, 26.1 por ciento de efectividad, 4.8 apj y un PER de 6.9. Se trata de un signo inequívoco de que el cambio generacional está por venir.
PREOCUPACIÓN Y LEGADO
Nash es uno de los cuatro jugadores de los Lakers que tienen contrato para el año que viene ($9.701 millones), y aunque su pretensión es la de cumplirlo, veremos si su cada vez más mermado físico se lo permite y si a los Lakers les viene bien tener a un jugador con semejante salario y de escasa productividad.
La planificación de inicio de temporada de Mike D´Antoni incluía un plan específico para no cargar a un jugador que conoce a la perfección. Nash no va a jugar partidos consecutivos esta campaña, y si lo hace será porque está en una condición perfecta, algo que no parece muy probable. Todos en el entorno Lakers están pendientes de su compañero y no hay nadie que no esté sintiendo lástima por él, una pena provocada por la negación a admitir que Nash ya no es el de antes. Esa negación se traslada al resto del vestuario y nadie quiere oír la palabra 'retirada'.
"Sufro por él y me encantaría que estuviera sano. No sé cuándo se va a retirar, espero que le queden algunos años", afirmó Steve Blake. "Sin duda, será uno de los mejores armadores que han jugado y eso permanecerá. Espero poder jugar dos años más con él", apuntó antes de confesar lo que aprendió de él como rival y compañero.
"Aprendí de él la manera en la burla a las defensas. Es un virtuoso en muchas facetas y siempre le intenté imitar en todo lo que pude. También me impresionó la manera en la que se cuida fuera de la cancha, es algo que siempre me gustó", confesó.
Y no sólo sus compañeros le alaban, sino también rivales que crecieron admirando sus peripecias dentro de la cancha.
"Es uno de los bases que más he seguido y recuerdo muchos partidos suyos, sobre todo en su época en Dallas y en Phoenix", señaló Ricky Rubio, un admirador confeso del armador, a ESPNDeportes.com. "Jugaba un juego alegre con Stoudemire y Shawn Marrion. Era muy bonito de ver y controlaba mucho en todo. Por eso fue MVP dos veces.
El compañero del español en Minnesota Timberwolves, JJ Barea, afirmó haber basado su juego en el de Nash.
"He sido fanático de él desde que estaba creciendo en el baloncesto. Me encantaba la forma en que atacaba. Atacaba todo el tiempo, me acuerdo de cómo dribleaba y me hice fanático de él. Cuando tuve la oportunidad de jugar contra él, fue impresionante", declaró antes de confesar lo difícil que es marcarle.
"Hay que estar 'ready', hay que estar en buena condición porque hay que correr detrás de él. Es un jugador bien inteligente, que siempre está atacando. Especialmente en los años en Phoenix, era una cosa increíble marcarle. Es uno de los bases más inteligentes que ha habido", argumentó.
Nash sigue siendo un ejemplo dentro y fuera de las canchas. Su básquetbol está llegando a los corazones de millones de aficionados que han disfrutado y todavía disfrutan del jugador. Sin embargo, su llama se está apagando lentamente, con la pausa del agua que emana de la fuente de una eterna juventud inexistente.
Si los problemas físicos continúan, Nash tendrá que tomar la decisión más importante de su vida: si retirarse brindando una imagen gradualmente más mermada o colgar las botas sin que el resto de la humanidad vea las debilidades de aquel que hace no mucho era invencible.
Sólo él puede consultar con su almohada si quiere mantener viva una llama cada vez más débil, o soplar de manera abrupta para apagarla definitivamente.
Por Gonzalo Aguirregomezcorta Seguir @All_SportNews




