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Oscar Schmidt está totalmente convencido de que hubiese sido uno de los mejores jugadores de la NBA si hubiese aceptado la oferta que le hicieron los Nets de New Jersey después de seleccionarlo en la sexta ronda del sorteo de 1984.
El astro brasileño se siente tan seguro que cuando le preguntaron cómo demostrarlo, con 55 años y recuperado de una cirugía para extirparle un tumor cerebral en mayo, respondió: "¿Ahora? Dame dos meses de práctica y les pateo el trasero a todos".
Ahora tal vez logre convencer a unos cuantos de los que no llegaron a verlo destruir las defensas contrarias con su asombrosa precisión. Después de todo, no tuvo que firmar aquel contrato para continuar una trayectoria que eventualmente lo llevó ayer al Salón de la Fama del Baloncesto.
"Hubiese sido de los 10 mejores de la historia, se los aseguro", dijo Schmidt, durante la presentación de la clase de 2013 que ingresó ayer al Dr. James Naismith Memorial Basketball Hall of Fame, en Springfield Massachusetts. "Vine al campo de los Nets, jugué bien; excesivamente bien y me ofrecieron un contrato garantizado. Pero lo rechacé. Ya estaba en Italia y para mí era más importante jugar con la Selección Nacional de mi país".
"La NBA en aquel momento era uno contra uno...y en uno contra uno yo estaba libre", agregó. "Hubiese promediado un punto por minuto; se de lo que era capaz".
Bueno, es posible que los Nets no insistieron porque se fijaron demasiado en lo que no era capaz de hacer Oscar Daniel Scmidt Bezerra. El jugador de 6'8" natural de Brasilia quizás no era un jugador demasiado rápido para la posición de delantero anotador como para defender a los de su posición. Tal vez, no saltaba demasiado, no era un factor en la captura de rebotes y era generalmente el último que tocaba el balón antes de que volara hacia el canasto.
Pero anotaba. Y cómo anotaba. Con una, dos, tres defensas, en la pintura y desde dos, tres pies más atrás del arco de triples, a media distancia, saliendo de pantallas, originando la jugada en el uno contra uno, en el clutch, en juegos abiertos, el llamado 'Mao Santa' (Mano Santa) era el jugador internacional más desequilibrante de su tiempo.
Lo demuestran sus 16 títulos de anotaciones en las ligas de Italia, España y su natal Brasil, los 49,737 y el promedio de 30.7 que logró en su carrera; los 1,093 (28.8) que marcó en cinco Olimpiadas y los 7,693 en 326 partidos con la selección de su país.
Es posiblemente el mejor jugador internacional que no jugó en la NBA. Y seguramente, su llegada a Springfield le quitará esa espina de 'lo-que-hubiese-pasado-si...". "No me arrepiento, simplemente, era otra época", comentó. "La FIBA se abrió al profesionalismo en 1989, pero yo no iba a ir de novato a la NBA con 35 años. De todas maneras, pude representar a mi país...y aquí estoy, en el Salón de la Fama".
Al menos, Schmidt pudo demostrar sus habilidades ante público de NBA en un partido oficial. En la final del baloncesto de los Juegos Panamericanos de Indianápolis, anotó 46 puntos y lideró una remontada para sorprender a un poderoso equipo de Estados Unidos, que liderado por David Robinson Pervis Ellison, Danny Manning y Keisth Smart, llegó invicto al partido por el oro.
"Ese fue mi momento más grande como jugador, porque fue un jugar para ganar algo", recordó. "Antes del partido, tenía el temor de perder por 30 puntos y cuando caímos abajo en la primera mitad, seguía ese temor. Pero seguimos luchando, nos acercamos y les pasamos".
"Ese juego fue grande, porque lo cambió todo", agregó.
Antes de esa victoria, ya se debatía en el seno de la FIBA si los jugadores de la NBA debían jugar en competencias internacionales como campeonatos mundiales y Juegos Olímpicos.
Pero luego de Indianápolis, USA Basketball quedó convencida de que se necesitaba mucho más que jugadores colegiales para recuperar el control del basquetbol.
Al año siguiente, Schmidt estableció un récord de puntos en un partido de Olimpiadas y promedió sobre 30 puntos en Seúl 88, pero no fue el enemigo mayor de Estados Unidos, que finalizó con un decepcionante bronce detrás de la Unión Soviética y Yugoslavia.
"En 1992, ya vino el Dream Team, y todo cambió", dijo. "Allí conocí a uno de mis ídolos, Larry Bird. Ese, para mí, es el más grande. No corría, no brincaba, pero era el mejor de todo".
Por pedido del propio Schmidt, Bird lo presentó ayer en la ceremonia de premiación. Esa presencia es una de las razones para que, con todo lo que significó aquella victoria de 1987, este fin de semana sea por mucho "el momento más grande de mi vida".
Por otro lado, mencionó a Arvydas Sabonis, Drazen Petrovic, Drazen Dalipagic, su compatriota Marcel De Souza como los grandes jugadores internacionales que admiró de su tiempo. De la NBA, habló de Kobe Bryant ("le pateé el trasero a su padre en Italia por ocho años"), LeBron James, Magic Johnson y Michael Jordan.
"Pero esperen un momento, no he terminado", indicó. "Me falta Larry. Larry es el mejor".
Por Hiram Martínez / ESPNDeportes.com Seguir @All_SportNews




