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Curtido en mil batallas, Kobe Bryant acaba de cumplir 35 años de edad. Joven y compuesto, al lagunero le queda toda una vida por delante para saborear; pero para la Mamba Negra, esa criatura nacida para morder a sus rivales a base de excelencia deportiva, la cosa es diferente. En lo que a básquetbol se refiere, su carrera está rozando el ocaso después de haberlo conseguido todo. Su veneno está próximo a perder su esencia y esos 35 años humanos se traducen en 65 años animales.
El jugador afronta su decimoséptima temporada en Los Angeles Lakers bañado en un mar de dudas de carácter individual e institucional y aunque muchos la quieran evitar, la palabra 'retirada' está más presente que nunca.
Han salido y se han puesto muchos soles desde que los laguneros crearon, a base de talonario, uno de los proyectos más ilusionantes de su historia reciente. Han pasado 378 días desde que el fichaje de Dwight Howard puso la guinda a un pastel que en lugar de endulzar, acabó envenenando a una franquicia que ha vivido un año convulso marcado por los fracasos deportivos, el divorcio entre la hinchada y la directiva, las lesiones de sus jugadores más importantes y la muerte del Dr. Buss.
Los Lakers comienzan este año con los pies en la tierra, conscientes de que menos es más y con la resaca de una temporada que les quitó el sueño demasiadas noches, demasiadas lunas. Y con las ilusiones estancadas, da la sensación de que se está pensando más en la campaña 2014/15 que en ésta, y es que son muchas las dudas e impedimentos deportivos y económicos que planean en la franquicia.
Una de las más significativas es la presencia del lesionado Bryant. El cumpleaños del buque insignia lagunero llega en plena recuperación de su lesión en el tendón de Aquiles, ésa que estremeció a propios y extraños al final de la temporada pasada. Según afirmó recientemente el jugador, su evolución va viento en popa a toda vela, aunque reconoció no saber con seguridad si será capaz de estar presente en la primera cita de la temporada ante Los Angeles Clippers (29 de octubre).
Poco se sabe y la incertidumbre reina en la Nación Lakers. Ni siquiera el todopoderoso Bryant conoce cuál será su nivel cuando regrese, sus miedos o complejos para no volver a caer, la mesura que no tuvo antes de lesionaras y que ahora podría hacerle bajar la intensidad de su juego.
El que se trata de un monstruo de este deporte es algo irrefutable y sería una irresponsabilidad escribir lo contrario, pero es inevitable tener dudas sobre si llegará a estar a su mejor nivel. Por el alcance de su lesión y por la edad y básquetbol que atesora en sus piernas.
Todos nos dejamos llevar por el embrujo de su juego, por la pasión que desgrana en cada acción; quedamos anodadados por su capacidad resolutiva y su capacidadpara aguantar el peso de un equipo entero, de una franquicia y una hinchada entregada a sus encantos, pero no nos engañemos. Su hechizo impidió que muchos, incluido un Mike D´Antoni sin autoridad, pudieran predecir que el riesgo de lesión estaba latente cuando jugó más de 40 minutos por partido en el tramo final de la campaña pasada, igual que ahora pocos laguneros se atreven a reconocer que Kobe tiene las horas contadas.
Y no caigamos en el lastre del embrujo. Seamos coherentes y consecuentes con una sociedad occidental que en términos generales defenestra a los mayores de una manera más sistemática que en Oriente. Leamos las reglas tácitas del baloncesto, del paso del tiempo y los cambios generacionales. Observemos el comportamiento de cualquier empresa que toma la decisión de deshacerse, presionar o recomendar a sus veteranos a que abandonen la nave para renovar las aguas. Es la lógica del capitalismo que reina este océano marcado por la productividad que a veces es injusto, pero que al fin y al cabo marca la realidad que nos ha tocado vivir con mejor o peor cara.
En términos deportivos, los 35 años de edad de Bryant suponen 65 años primaveras y en un horizonte cada vez más cercano, su retiro; porque Kobe es de los trabajadores que adoran su profesión y alargan su vida laboral. Pero hay una realidad: su alto coste es como para sentarse a pensar. 30,453,000 dólares de ficha para este año aúnan poco menos del capital destinado a sueldos en los Lakers, que con poco más que tengan en su plantel ya superan el tope salarial. Esta situación se está viviendo en la actualidad a pesar de la cláusula de amnistía aplicada a Metta World Peace. Si Kobe no regresa de su lesión al máximo nivel, ese dinero sería una barbaridad.
Todos estaremos pendientes de cuándo y en qué condiciones regresará Kobe este año, pero el jugador tendrá que ser visto con lupa, porque aunque se trate de una leyenda viva del básquetbol, la realidad es tan dura como cambiante y su productividad deberá ser medida con más objetividad que subjetividad.
Habrá que valorar muchos aspectos cuando vuelva a pisar las canchas y ojalá viva una segunda juventud con la elástica con la que desea retirarse. Pero que nadie pierda la coherencia, ni siquiera él mismo.
Por Gonzalo Aguirregomezcorta - ESPNDeportesLosAngeles.com Seguir @All_SportNews




