Por primera vez en esta temporada, el Miami Heat estará enfrentando verdadera presión.
Después de todo, si pierden esta noche ante los Chicago Bulls, caerían en un hueco 0-2 habiendo jugado los primeros dos partidos como local, y estarían en real riesgo de quedar eliminados.
Para el Heat, es campeonato o fracaso.
Este equipo de Miami ha tenido la mejor temporada regular en la historia de la franquicia, hilvanó la segunda racha ganadora más larga en la historia de la NBA (27), y sólo les falta el anillo para coronar una de las mejores campañas de todos los tiempos.
El problema es que si se quedan cortos de la gloria, de nada servirán los numeritos de temporada regular. Sólo habrá un calificativo: Fracaso.
Sin embargo, los protagonistas mantienen la tranquilidad.
"No nos molesta", sentenció LeBron James. "Preferimos no estar en esta situación, pero ya hemos estado aquí antes y hemos salido adelante".
No esta temporada, aunque sí en el pasado.
El Heat estuvo abajo ante Indiana 1-2 jugando como visitante. Estuvo abajo 2-3 ante Boston también jugando como visitante. Y en las Finales Miami comenzó perdiendo 0-1 ante Oklahoma City. Mostraron templanza y categoría para sortear esos obstáculos.
Pero esta campaña ha sido diferente.
Miami ha estado tan dominante que no ha necesitado sufrir. Cerrar partidos había sido un déficit la temporada anterior antes de los playoffs, pero no necesitaron tener el pulso firme esta campaña. El dominio ha sido el denominador común.
Sí, Miami ganó un partido relativamente importante ante los Knicks en plena racha ganadora, pero sucumbieron luego ante el mismo Chicago que los derrotó en el primer juego.
En una campaña eterna, la temporada regular es simplemente demasiado larga. En otras palabras, Miami no ha enfrentado presión hasta hoy.Esa palabra no se conoce cuando has ganado 41 de los últimos 44 partidos.
En ese primer partido, Dwyane Wade lanzó un triple inexplicable con poco más de un minuto por jugarse cuando el equipo estaba abajo por dos y todavía quedaban 17 segundos en el reloj de posesión.
Y así, en un abrir y cerrar de ojos, volvieron a aparecer los fantasmas de no cerrar los partidos de la manera adecuada.
"Estaremos bien", enfatizó James. "La pasión y la falta de precisión fueron la diferencia del primer juego. Estamos ansiosos porque salir al tabloncillo otra vez".
Esa tranquilidad que tiene el cuatro veces JMV, es la que deberían tener los fanáticos del Heat. No porque tengan una confianza excesiva, sino porque este equipo se ha ganado el derecho de atrasar el momento de tocar el botón de pánico.
Luego de la derrota inicial, la gran mayoría ya pedía ajustes y cambios de cara al próximo compromiso. Por qué cerró Mario Chalmers el partido? ¿Por qué no vimos más de Chris Andersen?
Son preguntas válidas, pero la realidad es que no hay que cambiar lo que está funcionando, al menos no porque una sola derrota.
Chalmers estuvo en cancha porque Erik Spoelstra, quien terminó segundo en la votación por Entrenador del Año, ha cerrado el juego con los "Grandes Tres" más dos lanzadores perimetrales durante toda la temporada. Chalmers es mejor lanzador perimetral que Norris Cole, que es cierto tiene más velocidad para seguirle los pasos a Nate Robinson, y por eso estuvo en cancha.
La lógica es esparcir la cancha, abrir espacios para que LeBron y Wade puedan penetrar. El problema es que el otro día cayeron en vicios viejos y se conformaron con lanzamientos a distancia en lugar de insistir con la penetración.
Los referís los van a dejar jugar y no van a recibir todas las llamadas, pero esa es la fórmula ganadora que no hay que abandonar; sobre todo cuando el rival ya está en la penalidad.
Son pequeños ajustes y no una remodelación.
No es momento de apretar el botón de pánico, al menos no todavía.
Por Sebastián Martínez Christensen - ESPNDeportes Seguir @All_SportNews




