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Al final, los New York Knicks fracasaron


Carmelo Anthony se sentó descamisado frente a su casillero, totalmente solo con sus pensamientos, una bolsa de hielo amarrada sobre su desgastado hombro izquierdo y un par de compresas de hielo sobre sus rodillas. Tenía puesto unas pantuflas del equipo de color anaranjado y azul, con una toalla blanca estirada bajo sus pies mientras sutilmente meneaba sus piernas y se perdía en una mirada vacía.

Sus compañeros de equipo silenciosamente se vestían a su alrededor, algunas respuestas en susurros sobre las preguntas de los reporteros que no querían responder, y Anthony simplemente no se movía de esa silla para darse la última ducha de la temporada. Gruñó y refunfuñó cuando finalmente y lentamente se levantó de la silla para luego desenvolver el hombro envuelto como una momia, dejando caer la bolsa de hielo inofensivamente al suelo.

Los New York Knicks estaban participando de sus últimos ritos de la primavera, y su jugador-franquicia quería llevar esta partido a tiempo extra. Se detuvo para intercambiar palabras con Amar'e Stoudemire, la estrella complementaria, y le dio una palmadita por el lado. Anthony jugueteaba con el celular que estaba cargando, y luego se fue cojeando como un viejo mariscal de campo de 40 años que ha recibido demasiados golpes desde el ángulo muerto.

Frente a Melo, en una pared cerca de la salida de los perdedores, la misma pizarra que tenía el mensaje post Juego 4 implorándole a los Knicks "mantenerse en rumbo" y "ganar uno lo cambia todo" no contenía palabras inspiradas post Juego 6.

"1er autobús 11: 35. 2ndo 12:00". Eso era todo. Una temporada que se suponía que sería acerca de ganar hasta el final, o al menos llegar bien cerquita de hacerlo, la acaban de lanzar debajo del autobús.

Una temporada que tiene que ser considerada como un fracaso, independientemente de que Anthony lo quiera admitir o no.

"Mi carrera está lejos de acabarse", diría Anthony luego de que los Indiana Pacers eliminaron a los Knicks en la noche del sábado, "así que no estoy preocupado por ello. Todavía me queda mucho tiempo en esta liga".

Acercándose su cumpleaños número 29, Anthony tiene razón al respecto. Está en su mejor momento, al tope de su juego y una apuesta segura para liderar al equipo de su ciudad natal a los playoffs regularmente. Melo acumuló 39 puntos y disparó más de un 50 por ciento de campo en esta derrota de 106-99, y ni tan siquiera sus tres pérdidas de balón cruciales en el cuarto periodo y el intento fallido de donquear- cortesía de un increíble bloqueo para cambiar el rumbo del partido de Roy Hibbert- podría borrar el hecho de que la estrella de los Knicks ha mejorado su desafortunado currículum de postemporada.

Pero Anthony y su equipo están estancados ahora en tierra de nadie. Derrick Rose, Danny Granger y Rajon Rondo regresarán a la Conferencia del Este la próxima temporada, al igual que, posiblemente el dos veces campeón, Miami Heat.

¿Los Knicks? Su plantilla, la más vieja de la liga, colapsó alrededor de Anthony, lo dejó varado frente a un equipo de Indiana que colocó a todos los cinco titulares con dobles dígitos en la noche del sábado, incluyendo al jugador de Brooklyn, Lance Stephenson, de Lincoln High, quien trató a los Knicks como si fuesen un oponente superior al final de la Liga Atlética de las Escuelas Públicas.

El gerente general, Glen Grunwald, y el dirigente, Mike Woodson, apostaron y perdieron, tan simple como eso. Están estancados con Marcus Camby, Jason Kidd y Stoudemire por dos años más y con Steve Novak por otros tres. El valor de Tyson Chandler decayó cuando desapareció en esta serie, y Raymond Felton brilló por su ausencia al irse de 7-0 de campo en el peor momento posible.

J.R. Smith es un agente libre que ha dicho que quisiera retirarse con los Knicks, peor invertir mucho dinero en él es una causa perdida. Smith demostró nuevamente en el Juego 6 que es una cuarta opción en un verdadero contendiente del campeonato, no mucho más.

"No estuve ahí para mis compañeros de equipo", confesó Smith. Uno tiene la temporada, entre comillas, que tuve, tus compañeros de equipo se supone que dependan de ti. Confiaron en mí y me quedé corto".

Smith se ganó nuevamente otra técnica tonta y ni tan siquiera se molestó en dar su máximo, un pecado imperdonable en un Juego 6 y una buena razón para dejarlo que se vaya de fiesta con Rihanna a cuesta del dinero de otro. Anthony necesita ayuda verdadera aquí, no superficial.

"En general, tuvimos una gran temporada, un gran año", sostuvo Anthony. "Creo que tomamos unos pasos hacia delante como equipo, como organización. El ganar los partidos que ganamos, más de 50 partidos, ganamos nuestra división. Llegar a este punto ahora mismo donde tuvimos la oportunidad de llegar a la Final de la Conferencia, nos quedamos con eso.

"Es una aprendizaje para todos, y regresaremos mejores y más fuertes para el año que viene de seguro".

Muy en el fondo, Anthony debe saber que eso es muy difícil de que suceda. Él sabe que los Knicks apostaron todo para el 2012-13, construyendo un equipo a la imagen de los Dallas Mavericks del 2010-11, que le ganaron al Heat en seis partidos para darle a Dirk Nowitzki su sortija tan esperada.

Melo se suponía que fuese el Nowitzki de los Knicks, un delantero fuerte superestrella quien no necesitara de un Scottie Pippen o un Dwyane Wade para ganar un título si tenía las piezas correctas suficientes a su alrededor. Pero fuera de Iman Shumpert, cuya explosión de tiros de tres puntos en el tercer periodo por poco se roba el Juego 6 y cuya juventud, aptitud atlética y osadía (él regresó en enero de la misma lesión que sufrió Derrick Rose en el mismo día) son valores que necesitan con desesperación, los Knicks no rodearon a Anthony con las piezas adecuadas.

"Fracasamos", expresó Shumpert. "Queríamos llegar a la Final y lanzar los dados y no lo logramos".

Sí, los Knicks fracasaron absolutamente. Estaban muy satisfechos con su conquista de la primera ronda sobre los cansados Celtics, muy entusiasmados con aceptar la primera victoria en una serie de los playoffs de la franquicia en 13 años como misión cumplida.

Así que entregaron el Juego 1 en casa a los Pacers como si fuese una camiseta gratis para los fanáticos del Garden, y nunca se recuperaron. Los Knicks convirtieron a Hibbert y a Paul George en estrellas nacionales y convencieron a varios espectadores de que no hubieran sobrevivido el Juego 5 si George Hill no hubiese sufrido una conmoción en el Juego 4.

"Es difícil irse de esta manera", comentó Woodson. Acertó con eso de todos modos. "Esta es la primera vez que este equipo ha estado ensamblado", añadió el piloto. "Hicimos muchas cosas especiales en esta temporada. El tener que caminar fuera de aquí esta noche y decir que esto fue un desastre, no, en lo absoluto".

¿Un desastre? Quizás esa es una palabra muy fuerte. Pero, ¿una gran decepción? Sin duda alguna.

Los Knicks aterrizaron como el segundo sembrado, con la ventaja de la cancha local. Tenían al mejor jugador en la cancha y habían ganado cinco partidos más que Indiana en la temporada regular por una razón. Los Pacers no son el Heat. Los Pacers no contaron con Granger durante toda la serie, básicamente toda la temporada, y Granger es argumentalmente su mejor jugador, con George pisándole los talones.

Así que esta era una serie ganable para los Knicks, una serie ganable que no ganaron. Anthony hizo lo que pudo al final. Tenía 35 puntos en los primeros tres periodos y estaba muy cansado en el cuarto para segur cargando al equipo.

"Es duro", dijo. :Todos sabíamos cuál era la meta que nos habíamos establecido. Todo el mundo quiere ir al campeonato, ganarlo, esa es la meta. Desafortunadamente nuestro camino se detuvo aquí".

Anthony habló con esperanza de mejores cosas por venir. Pero mientras caminó a la salida del edificio de los Pacers tarde en la noche del sábado, caminando junto a su poderoso agente, Leon Rose, tenía que saber que estaba exactamente donde estaba en Denver o donde estaba cuando llegó a Nueva York.

Carmelo Anthony no tiene el talento suficiente a su alrededor para ganarse una sortija, y no parece que eso va a cambiar próximamente.


Por Ian O'Connor - ESPNNewYork