LeBron James hacía muecas mientras movía la cabeza, tratando de dejar que la música de sus auriculares de $400 ahogaran los pinchazos de la tina de agua fría en la que tenía sumergida la parte inferior de su cuerpo. Esta noche, hundir los pies en un cubo no iba a ser suficiente.
Chris Bosh estaba en la ducha, aunque sólo había jugado 40 segundos en los últimos 16 minutos del partido.
Dwyane Wade estaba completamente vestido con una bufanda y una chaqueta de diseñador que probablemente lo convirtieron en una de las personas más elegantes de Utah en ese momento. Estaba ansioso por salir a la noche fría. Probablemente no vuelva a salir más rápido de los vestidores en toda la temporada.
El Miami Heat está de mal humor.
Su última caída, una derrota por 104-97 ante el Utah Jazz, no es lo que más le duele.
Sino una dura gira de enero por el Oeste. Los equipos suelen hablar de "unión" en las giras largas, pero en realidad esa suele ser una conjetura optimista antes del inicio. Visitar seis ciudades en nueve días no es muy divertido, y menos cuando el oeste de los Rockies está tiritando bajo una desagradable ola de frío.
El Heat tiene una marca de 1-3 en esta gira, pero eso no es demasiado grave. Terminaron una gira de cinco juegos en enero del 2011 con una marca de 2-3. El año pasado, en enero, la gira de cinco partidos terminó igual, 2-3. Esto difícilmente ha definido sus temporadas. Esta derrota, en la que casi lograron remontar un déficit de 19 puntos en el último segmento, ya casi había quedado en el olvido para cuando el autobús entró en la autopista de Oakland en algún momento después de la medianoche, hora del pacífico, el martes por la mañana.
En este momento, el Heat tiene algunos problemas más espinosos que van más allá de ganar o perder. No jugar bien en la mitad de la campaña es preocupante, pero no algo que ponga en peligro la temporada. El Heat está experimentando algunos problemas internos, y esto se ve en su actitud y su juego. Y ha quedado claramente reflejado en las cosas que están diciendo públicamente, lo que hace que te preguntes qué dirán en privado.
Esto no es una crisis, pero hay varios indicios de lo que al presidente del Heat, Pat Riley, le gusta llamar "la enfermedad de mí", el desafío que deben enfrentar los equipos exitosos para mantener el sacrificio.
Riley se convirtió en un experto a la hora de lidiar con los desafíos que se presentan luego de ganar un título. Tuvo que luchar con esto en medio de todos sus éxitos. Su famosa garantía de que Los Angeles Lakers ganarían un segundo título consecutivo en 1987 fue, en parte, un intento de obligar a su equipo a concentrarse después de haber continuado sus dos títulos anteriores con defensas poco estelares.
El Heat está fuera de foco y está criticando. A su entrenador, Erik Spoelstra. Unos a otros. Probablemente también a sus amigos y seres queridos.
Wade ha estado en medio de todo esto varias veces en la gira. La semana pasada en Indianápolis, anotó 23 puntos en la primera mitad de un partido y luego no disparó ninguno durante el tercer cuarto. El lunes no jugó en el último segmento -- decir que fue sentado no sería preciso -- cuando Spoelstra decidió jugar con James y cuatro jugadores de reserva mientras el Heat trabajaba una remontada que no alcanzó.
"No lo sé, siempre estoy listo", dijo Wade bruscamente pero sin faltar el respeto, de la misma manera que abordó su desaparición de la ofensiva durante la derrota en Indiana. "El entrenador toma las decisiones. Yo sólo soy un jugador".
El lenguaje corporal de Wade fue claro. Antes de que el Heat emprendiera esta gira, a Wade le preguntaron si echaba de menos los días en los que intentaba entre 20 y 25 tiros por partido. Los días previos a James y Bosh, y de quedar relegado como la tercera opción algunas noches. La respuesta de Wade: "Todos los días".
Hace algunos días, Bosh dijo que el Heat no estaba haciendo lo suficiente para aprovechar a los jugadores con "manos calientes" después de haber sido olvidado en la ofensiva durante una noche en la que metió 13 de 18 durante una derrota en Portland. Se refería a sí mismo y a Wade, aunque no quedó demasiado claro a quién estaba dirigido el comentario.
El lunes por la mañana explicó por qué estaba haciendo campaña en Twitter para obtener votos All-Star en el último día que los fans podían emitir sus votos. Estaba a apenas 35.000 votos de salir titular por primera vez.
"Sólo por ser competitivo", dijo Bosh. "Vi que estaba detrás y pensé, 'Bien, haré lo que pueda'. No es todo, pero en aras de la competencia, déjame hacer lo que pueda".
Luego Bosh bajó un rebote en 27 minutos mientras el Heat era azotado 40-23 en las tablas y se veía superado 19-0 en puntos de segunda oportunidad por el Jazz. Ha promediado apenas cinco rebotes por partido en los últimos siete juegos y actualmente está promediando la menor cantidad de rebotes en su carrera. Eso no es ser competitivo.
Su explicación fue la siguiente:
"A veces estoy en una posición en la que tengo que competir con mis compañeros por un rebote, y a veces me ganan, soy humano", dijo Bosh. "Al principio del juego, supongo que algunas veces voy a superar a mis propios compañeros. No presto atención a los números".
Al parecer, a menos que se trate de los números de las votaciones All-Star. Sin embargo, Bosh últimamente ha utilizado esta excusa de competencia interna de rebotes a menudo. Parece que le está resultando más difícil hablar con inmunidad.
Después de la dura derrota en Portland cuando el Heat echó a perder una ventaja de 12 puntos en el último cuarto la semana pasada, James se lamentó así: "No somos el grupo más talentoso. No somos el mejor equipo. Así que no podemos darnos el lujo de escoger y elegir cuándo encendernos y apagarnos".
La mayoría de las mentes de básquetbol dirían que en términos de talento, éste es el mejor equipo en el que James ha jugado. Probablemente esté jugando junto a tres miembros del Salón de la Fama en Wade, Bosh y Ray Allen. Pero James, quien se encuentra en medio de lo que quizás sea la temporada más completa de su carrera, ha estado en la misma sintonía que sus compañeros a la hora de quejarse pasivamente sobre el estado de la unión.
Cuando salió de la tina de agua fría, James ofreció su opinión.
"La energía fue baja. Contra un equipo como éste, en su cancha, ante su público -- no puedes tener poca energía", dijo James sobre la primera mitad, en la que registró la primera mitad con la mayor cantidad de anotaciones de su carrera, con 20 puntos.
Sobre la remontada final que llegó con Wade y Bosh en el banco, James comentó: "Jugamos bien, tuvimos mucha energía. Del lado ofensivo, no nos importó quién estaba lanzando".
No hay ningún escándalo aquí. Éste es un equipo que está atravesando un camino difícil y mostrando su irritación. Gracias a otros grandes incendios en la NBA, sobre todo con los Lakers, el propio Heat parece estar tomándose esto más duro que los fans de todo el país que disfrutaron de sus problemas durante las dos temporadas anteriores.
Durante esos años, el Heat se mantuvo unido, apegado por así decirlo, en dichos momentos. Sin embargo, hoy por hoy parece que la mayor parte del escrutinio viene de adentro.
"Con este equipo, no importa", dijo Wade. "Si ganamos, se supone que tenemos que ganar. Si perdemos, no deberíamos perder. Tenemos que encontrarle la vuelta".
Por Brian Windhorst - ESPN
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