En toda esta discusión en torno a la ausencia de rebotes en el juego del Heat, una cosa ha quedado meridianamente clara: con virtudes y defectos, Erik Spoelstra es el verdadero y auténtico entrenador del campeón defensor de la NBA.
Es importante señalar esto porque he escuchado argumentos recientemente de gente sorprendida porque el Heat, un equipo "de Pat Riley", no recupera rebotes, aún cuando el presidente del conjunto defiende la filosofía de que "sin rebotes no hay anillo". Pero se está perdiendo de perspectiva de que este no es "un equipo de Pat Riley", sino el "equipo de Erik Spoelstra", que aunque es un coach afín a Riley, que fue su asistente y su discípulo, ha demostrado que toma sus propias decisiones y tiene libre albedrío en el manejo del conjunto.
Se le resta méritos a Spoelstra cuando se piensa que es una marioneta de Riley. Pese a que ya tiene un anillo de campeón en su resumé, tienden a verlo como un muchachito protegido, cuando es un coach con todos los méritos y activos, que toma sus propias decisiones. Claramente, si fuera Riley a lo mejor el Heat jamás hubiese jugado con cuatro perimetrales y un interno. Pero la estrategia de Spoelstra es un signo de quién está 'coacheando' el equipo de verdad, de quién toma la decisión independientemente del respeto que sienta por su jefe.
A mediados de la pasada temporada, Spoelstra decidió que iba a cambiar la forma de jugar. Bajó el cuadro para poder usar a cuatro jugadores de perímetro y Chris Bosh, quien ese momento era utilizado como 'strong forward', fue colocado como pívot. El equipo había perdido en la final anterior y estaba frío y caliente, por lo que dio el paso de ajuste.
Comenzaron a jugar con LeBron James, Dywane Wade y dos perimetrales más, que podrían ser Mario Chalmers y Shane Battier, aprovechando la oportunidad de que otro jugador fuera al rebote. Jugando como ala pívot, LeBron no cedía mucha ventaja porque es grande y fuerte a pesar de que tiene destrezas de un jugador de perímetro.
Al pasar eso de mitad de temporada en adelante, Miami dominó a todo el mundo, se puso más rápido con el juego de penetración y de sacar la bola al tirador, y hasta el mismo Bosh salía a lanzar la bola desde afuera. Con ese cuadro ganaron el campeonato.
Este año, al ver Miami que esa fórmula les funcionó, se puso más pequeño todavía. Consiguieron a Ray Allen para añadirlo al grupo y tenían un cuadro para rotarlos siempre con cuatro pequeños con un grande.
Eso les llegó con las ventajas que tiene, pero con una desventaja notable: los equipos ya van preparados sabiendo que esa es la forma de jugar de Miami. Los que tienen dos jugadores buenos en los rebotes, los ponen a jugar al mismo tiempo y les dominan la guerra de los rebotes. Cuando Miami domina los rebotes gana el juego, pero cuando es dominado en esta faceta aumentan sus posibilidades de perder, como ha sucedido en los partidos recientes.
Veamos. En la derrota del viernes 4 de enero frente a Chicago, los Bulls los dominaron 48-28 en total de rebotes y 19-4 en rebotes ofensivos. Perdieron el partido. El martes 8 ante Indiana, fueron superados 55-35 y 22-7 en los ofensivos. Otra derrota. Luego perdieron por dos puntos en Portland, aunque igualaron 45-45 en rebotes.
Pero el lunes, sufrieron una derrota ante Utah, que los superó 40-23 en total de rebotes y 13-5 en los ofensivos.
Miami tiene la opción de hacer ajustes de acuerdo al rival, si es que quiere buscar más victorias. Volver a subir el cuadro con Udonis Haslem, Joel Anthony o algún interno que fichen cuando vayan con equipos que son buenos en el rebote y usar el cuadro de cuatro perimetrales con un interno con equipos que no rebotean.
Quizás haya preocupación en el público, los fanáticos y la prensa, pero si el coach ve que la temporada es un maratón y no una carrera de 100 metros y se siente seguro de lo que hace, a lo mejor no tiene que preocuparse tanto por estas derrotas e insiste en su estrategia.
En una temporada regular, uno juega con equipos con características distintas todos los días. Por eso, ellos van a tener que cambiar el cuadro de un día a otro si es que quieren obtener más victorias. Si Miami se da cuenta de que ganando y perdiendo de todas maneras va a ganar la Conferencia Este y que en vez de tener 20 derrotas tendrán 25 o 26, es posible que insistan en el juego de ataque. Si ven preocupación, el próximo ajuste sería el de jugar dependiendo del rival.
Pero llegados los playoffs, el ajuste es más fácil porque ya se sabe que se jugarán entre cuatro y siete juegos con el mismo rival. Si el otro equipo es muy dominante en las tablas, tendrán que hacer el ajuste; si es uno que puede dominar con velocidad y tiros, van a jugar de la misma forma que juegan ahora.
Los playoffs se prestan mucho más para que el equipo pueda ajustar y hacer lo que tenga que hacer para ganar la serie. Se establece qué hace falta para ganar el equipo, se planifica una estrategia y a base de eso se maneja el personal. El Heat todavía cuenta con Anthony, que es un baluarte defensivo, que rebotea y da tapas, pero que no mete el balón. Spoelstra lo identificó como parte del problema de inconsistencia que tenían, porque con él en cancha, los equipos se enfocaban en cerrarle a LeBron o a Wade cuando penetraban y a pesar del equipo que tenían, estaban fríos y calientes. De ahí fue que surgió la alternativa de ponerse más ofensivos, aunque sacrificaran el área de los rebotes.
Quizás Spoelstra no está preocupado, pero la oficina ya ha pensado en hacer algunas movidas. Lucieron interesados en Greg Oden, la primera selección de Portland en 2008 a quien las lesiones lo obligaron a retirarse, pero que ha manifestado que intenta regresar. Pero Oden dijo que prefiere empezar de cero la temporada que viene, por lo que perdieron esa opción. Ya se está pensando en Chris Andersen, que este año quedó fuera, aunque no sé si sea la solución, porque aunque captura rebotes y da tapones, tiene el mismo problema de que no es una alternativa ofensiva.
¿Hay preocupación en las filas del Heat? Las gestiones para buscar a un interno puede indicar que sí; la insistencia de Spoelstra en su juego de ataque indican que no hay pánico a pesar de que no hay rebotes en South Beach.
Por Carlos Morales - ESPNdeportes Seguir @All_SportNews




