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La NBA decidió colocar multas y suspensiones a los jugadores que simulan, pero esta regla que puede traer problemas.



De todas las cuestiones que se escribieron acerca de la nueva reglamentación que implementará la NBA contra las simulaciones, hay una que sigue siendo discutible: el talento de los atletas para extraer las faltas, en comparación al talento de los revisores de video para entenderlas como leales.

¿Actores de reparto o defensores estelares? Cada cual puede juzgarlos a su manera, pero a mi entender este cambio en las leyes de la Liga apunta los cañones a un terreno peligroso: proteger en demasía a los atacantes victimizando a los defensores.

Veamos, es cierto que las simulaciones también pueden aplicar a los portadores de balón, sobre todo a aquellos que mueven el cuerpo de manera frenética cuando reciben el mínimo contacto por parte de los defensores de turno, pero son raras excepciones en una Liga en el que la defensa, muchas veces, es una mala palabra.

La NBA, el paraíso donde viven los mejores talentos del mundo, se ha nutrido, en la última década, con atributos y parámetros defensivos extraídos de tierras donde el sacrificio y el orden grupal aparecen siempre en primera instancia. Criteriosamente, el básquetbol ha celebrado a aquellos equipos cuya lógica defensiva sirvió de vehículo para que el ataque, como consecuencia de lo anterior, gane adeptos a lo largo y ancho del mundo.

En ese aspecto, la NBA creció como competencia. Es cierto, la melancolía del básquetbol de los '80 nos invita a pensar que un mundo mejor fue posible, y puede ser si nos centramos en el hecho de que la magia siempre es más seductora que la cruda realidad. De todos modos, tarde o temprano, las victorias necesitan de nuevos argumentos: y es por eso que, a todas luces, el juego ganó muchísimo desde lo técnico y táctico cuando Estados Unidos abrió las puertas al mundo. O mejor dicho, el mundo estudió mucho tiempo a Estados Unidos para luego llegar y explicar que existía otra escuela -u otras, mejor dicho- que también valía la pena conocer.

En ese sentido, aparecieron jugadores del básquetbol europeo y latinoamericano que mejoraron la NBA desde lo conceptual. Olvídense de las comparaciones de talento, algo fútil que no nos permite enriquecernos con el ítem de fondo: los jugadores internacionales mejoraron el sistema de equipo de la NBA. Los entrenadores apostaron a la escuela del juego de conjunto, del pase extra, de los hombres de rol dentro de un grupo de atletas maravillosos.

Surgieron, entonces, las defensas zonales -sin estaticidad, claro, para evitar defensas ilegales- y se aplicaron conceptos y movimientos del básquetbol universitario -escuela pura, por cierto- enriqueciendo la lectura de juego y enseñando que para ser un profesional completo era necesario el físico, pero también la mente.

En ese contexto, floreció la inteligencia de los jugadores. Con menos espacios disponibles, cada posesión, cada pase, cada lanzamiento tuvo un valor adicional al que se le asignó algunas décadas atrás. Mejorar la defensa significa mejorar el ataque. El básquetbol es un juego de ventajas/desventajas y de decisiones. La evolución de un costado empuja a la evolución del restante. Entonces, las ofensivas de siete segundos o menos, en este panorama, pasaron a ser obsoletas y poco inteligentes. El ataque empedernido no volvió a ganarle jamás a la defensa asfixiante, y se transformó en aburrido por definición: el All-Star Game, un concurso de piruetas de 48 minutos, es al básquetbol como una revista de chimentos a un libro de Julio Cortázar. El ejemplo viviente de lo que estamos hablando.

Por lo tanto, con esta nueva reglamentación, se está metiendo todo en la misma bolsa. Parecería ser lo mismo un jugador que simula un golpe en el rostro que aquel que sabe cómo colocarse en el lugar indicado para extraer una falta. Me causa gracia cómo la prensa estadounidense se ensaña con los jugadores internacionales acerca de este tipo de movimiento, y no es casualidad que la mayoría de los hombres que las aplican sean buenos defensores, o comprendan el juego desde la tónica del arte sin balón a modo de conjunto.

"No sé por qué cada uno habla sobre el 'teatro' europeo", declaró Danilo Gallinari. "No sé de donde ha salido esa perspectiva e imagen de los jugadores europeos, que fingimos en las caídas como lo hacen el resto de jugadores de la NBA y del resto del mundo".

Es muy cierto lo que dice Gallinari, como si ellos fueran simuladores y no grandes defensores. En esa lista también vale aclarar que entran Anderson Varejao, Luis Scola, Pau Gasol y otros tantos talentos muy conocidos en estas tierras. Criticados por demás, en algo tan injusto como poco cierto... ¿O acaso Chris Paul, LeBron James y Paul Pierce, por citar tres ejemplos, no entran en las consideraciones? Fíjense que estamos hablando de jugadores inteligentes al extremo, todos excelentes defensores. Flopping y defensa adecuada muchas veces se mezclan casi sin pretenderlo.

El nuevo comunicado de la NBA dice: "los actos físicos que constituyan jugadas legítimas de básquetbol (como moverse de un lugar a otro para ganar una falta ofensiva) y reacciones físicas menores para lograr contacto no serán penalizadas como simulaciones".

Esto parece maravilloso, pero me encantaría saber qué mentalistas contratará la Liga para evaluar seriamente qué quiso o no quiso hacer un jugador en un video post-partido. ¿Cómo se apunta a penalizar una intención? Las reglas deberían aplicar a los hechos concretos, porque un único error de percepción arruinaría la idea de legalizar aún más el juego.

Y voy a ir un poco más a fondo: esto me parece una herramienta de control sobre un juego que, para divertir, debe tener aristas incontrolables. "No cometas la falta porque tendrás una penalización". Me imagino a Michel Foucault, en algún lugar de la eternidad, divirtiéndose hasta el hartazgo con este tipo de apreciaciones.

Un jugador podrá sufrir hasta cuatro multas antes de ser penalizado por la Liga con suspensión de partidos (una primera advertencia, y a partir de ese momento la siguiente violación de la norma le costará 5.000 dólares de multa; la tercera será de 10.000; la cuarta de 15.000 y la quinta de 30.000).

Con los contratos millonarios que se manejan, hay que entender que esta sanción no es económica. Es un control que apunta al honor del deportista: una primera advertencia -o más que eso si reincide- permitirá que la prensa especializada y los fanáticos califiquen a un jugador de tramposo. Incluso, que sea despreciado por sus rivales a viva voz. Entonces, de una u otra manera, comenzará a aplicarse la autocensura por parte de cada uno de los profesionales. Y eso puede empeorar la defensa general del juego.

A mi entender, el básquetbol no necesita de esto. Los grandes defensores perimetrales están al filo de una mala interpretación (Bruce Bowen, Shane Battier, Metta World Peace, por citar tres ejemplos de los últimos años) y una reglamentación de este tipo puede ser contraproducente en el desarrollo defensivo de una Liga que había evolucionado muchísimo en los últimos años.

"Los que engañen deben pagar por hacerlo", dijo Rasheed Wallace el miércoles.

Parece que el mini-retiro también vino con una cuota de olvido e hipocresía.


Por Bruno Altieri - ESPNdeportes.