La temporada acecha a Mike Brown. La tranquilidad es la última de las sensaciones que recorre su cuerpo después de haber protagonizado el peor campamento de la historia de los Lakers y de todos los equipos de la NBA (0-8). Otro récord para su currículum lagunero de objetivos incumplidos donde hay más oscuros que claros.
Se trata de su segundo año al frente de la nave y sin duda afronta una campaña rebosante de expectativas que le pueden llevar a la gloria o al fracaso con sólo un chasquido. No es para menos cuando se tiene una de las plantillas más prometedoras de la temporada que entra, y uno de los quintetos iniciales más lujosos de la historia de la franquicia.
La temporada pasada supuso un fracaso a medias para los laguneros. El corto margen de preparación por el lockout (algo que sufrieron todas las franquicias), y las críticas vertidas contra él desde algunas esferas por sus rotaciones inconsistentes, ofensivas predecibles, carencias defensivas e inconsistencia de la banca lograron que se ganara más de un tirón de orejas al no poder pasar de las semifinales de la Conferencia Oeste. Aun así, obtuvo el beneplácito de la organización para continuar otro año más.
Brown afirma estar "bendecido" por contar con un electo de estrellas con hambre y dispuestas a cumplir a rajatabla con los parámetros de su nueva filosofía. Una variación con respecto a la época anterior en un intento por adaptarse a los nuevos tiempos que corren en la franquicia lagunera.
¿CÓMO SE ESTÁ ADAPTANDO A ESTOS LAKERS?
Luego de ocho de partidos de pretemporada, la respuesta a esta pregunta podría parecer sencilla, aunque no lo es. Ningún equipo llegó a las Finales de la NBA sin haber registrado una sola victoria en pretemporada y el coach se enfrenta no sólo a su propio destino, sino una historia de estadísticas que a veces no sirven de nada, pero que otras son capaces de condenar al ostracismo.
A simple vista, da la sensación de que su capacidad de adaptación no está siendo la mejor al no haber podido gestar victorias ante conjuntos inferiores a los Lakers (sobre el papel). Sacar aspectos positivos tras derrotas tan vergonzantes como la que sufrieron ante Golden State Warriors (cayeron de 27 puntos), Sacramento Kings en tres ocasiones, Utah Jazz en dos, Portland Trail Blazers y Los Angeles Clippers es harto complicado, pero Brown encontró los recursos; lógicos por cierto, pero no menos inquietantes.
Aboga por la construcción, por la asimilación de conceptos y por las rotaciones de jugadores en diferentes posiciones para ver cómo se desenvuelven. El factor de las lesiones y el no haber contado con los cinco titulares más que en una cita también ha sido uno de los argumentos ante la hecatombe previa a la temporada regular. "Durante la pretemporada, no me fijo en el resultado. No es algo que me preocupe, pero entiendo que la gente le preste atención", comentó la semana pasada.
Comparar el basquetbol con otros deportes no es del todo justo, pero los amantes al fútbol saben que si un equipo cae en todas las citas de pretemporada, las alarmas saltan sin contemplaciones, sin excusas ni argumentos. Que pregunten en Argentina o España, por poner dos ejemplos. ¿Se imaginan qué pasaría si el Real Madrid o el Barcelona perdiera todos sus amistosos antes del inicio de la competición? Les puedo asegurar que el camino sería de espinas y no de rosas.
Uno de los periodistas que cubren los Lakers desde hace años comentó a este respecto: "Las pasiones son distintas en el fútbol y baloncesto" y señaló a un equipo de la NFL que ganó el campeonato tras perder todos sus encuentros de pretemporada.
Puede que tenga razón aunque volviendo al proceso de adaptación de Brown, da la sensación de que lo del coach es un quiero adaptarme pero no puedo. Habrá que esperar al primer mes de competición para poder analizar esto con más propiedad.
CAMBIOS
Los cambios son obvios. Hay nuevos jugadores, tanto titulares (a Steven Nash y Dwight Howard les van a borrar el nombre de tanto mentarlos), como reservas; nuevos conceptos (ofensiva Princeton y una defensiva marcada por las rotaciones), nuevos asistentes y nuevas ilusiones.
¿Son positivos? Sobre el papel sí, pero está costando mucho trabajo que todo funcione. Demasiado.
Brown está trabajando con muchos egos. Por el momento, parece que los orgullos están de lado y todos reman en la misma dirección. Era de esperar con profesionales con una ética contrastada (si hay dudas sobre el comportamiento de algún jugador, habrá que confiar en la mano dura de los más veteranos), lo contrario hubiera sido un fiasco mayúsculo, sobre todo a estas alturas de la pretemporada.
La temporada está a punto de comenzar y la suerte está echada. La filosofía Brown sigue moldeándose y su silla arde como el carbón.
ESPNLos Angeles
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