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Una de las grandes interrogantes de los Clippers para la próxima temporada es cual será el Lamar Odom que vendrá a jugar: El talentoso o el reality show.




Fue presentado con todos los honores, recibido por decenas de periodistas ansiosos de ver a ese Lamar Odom hecho a la ciudad de Los Ángeles, curtido en mil batallas dentro y fuera de la cancha, paradigma de los altibajos y fiel representante de lo estrafalario.

La suya es una historia de reality show propio. Más allá de las Kardashians, a Odom la vida le ha escrito un guión sin igual lleno de antagonistas, de clímax y bajos fondos, de muerte y desequilibrio; de Oscar de la Academia. Lamar Odom nada contracorriente para no ahogarse en el mar de dudas que envuelve su carrera deportiva. Los Clippers podrían ser su salvavidas, su madero flotante en medio de la tempestad, ese equilibrio necesario, proporcionado por una franquicia que apostó por él en 1999 y que vuelve a creer en sus dotes. Confianza ciega.

"A veces pasamos por cosas en la vida y yo ya dejé todo eso atrás. Ahora sólo busco jugar agresivamente". Momentos antes de su presentación hace dos meses, se llegó a mascar el jugo con pulpa de una historia suculenta.

Los periodistas se las ingeniaban para tocar ciertos temas que no podían quedar en el tintero, pero Lamar toreó hasta la saciedad y puso punto y final a las cuestiones con ese "ya lo dejé todo atrás". Para algunos aquello fue suficiente, otros en cambio optaron por no tragar lo que entendían como falacias a golpe de micrófono y envueltas en ruidosos flashes.

Por eso se duda. Porque muchos no saben cuál de las dos versiones de Odom encontrarán los Clippers esta temporada. Si la del Mejor Sexto Hombre de la campaña 2010-2011 y campeón de dos anillos con los Lakers (2009 y 2010) o la del jugador atormentado por una juventud en la que escarceó con las drogas (perdió a su madre a los 12 años de edad) y una madurez marcada por la muerte en 2006 de uno de sus hijos, el fallecimiento de un primo suyo y testigo presencial del adiós de un motorista que colisionó contra el auto en el que viajaba un día después del funeral de su familiar.

"Estuve enterrando a gente durante mucho tiempo", llegó a señalar.

Pero Odom asegura haber dejado todo eso atrás. Atestigua que llega renovado en espíritu e ilusión y que el hecho de regresar a la ciudad que le ha acogido en 11 de los 13 años que lleva jugando como profesional es más que revitalizante y suficiente para reencontrarse con el nivel perdido.

Sus turbaciones le hicieron marcharse de Dallas Mavericks por la puerta de atrás, enfadado con el mundo y después de aguantar un "¿estás dentro o fuera?" de Mark Cuban. Aquello le sentó como una puñalada durante el mes de abril en el descanso de un juego ante Memphis Grizzlies.

La campaña pasada registró una pobre actuación de 6,6 PPP y 4,1 RPP en los 50 encuentros en los que participó antes de ser apartado. Cifras muy alejadas de las que le erigieron como el Mejor Sexto Hombre el año anterior, cuando brilló en los Lakers (14,4 PPP y 8,6 RPP).

Lamar Odom ha vuelto a su hogar, a la franquicia que apostó por él durante el ocaso de los años 90 después de largas conversaciones con directiva y cuerpo técnico para convencerles de que el verdadero Sexto Hombre está de vuelta. Ha cautivado a los que tiene que cautivar, entre ellos a Vinny Del Negro, parte fundamental en este asunto. Se ha metido en el bolsillo a los mismos que le han hecho un contrato de más de ocho millones de dólares sin saber muy bien si hacen bien o mal.

En este mar de dudas tan revuelto, a Odom le salva precisamente esa confianza depositada en él. No sólo la de los de arriba, sino la de sus propios compañeros. Ni Chris Paul, ni Chauncey Billups, Blake Griffin, ni Grant Hill, ni Jamal Crawford tolerarán falta de compromiso alguna. Porque todos van en el mismo barco y reman para sorprender en una temporada prometedora donde aún no hay techo que les frene.

Odom está obligado a vencer a sus fantasmas físicos y mentales para volver a ser el que era. Para salir a hombros del ruedo como en épocas pasadas.

Para eso sirve la confianza; lo contrario significaría uno de los mayores fiascos de estos Clippers en construcción; uno de los mayores reveses de su vida deportiva.


Por Gonzalo Aguirregomezcorta - ESPNDeportesLosAngeles