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Los boricuas Javier Culson y Jaime Espinal están locos por llegar a Puerto Rico.



A menos de 24 horas de convertirse en medallista olímpico, el luchador Jaime Espinal lucía ayer como toda una celebridad.

Espinal salió de la Villa Olímpica con su medalla de plata para atender a la prensa puertorriqueña y fue difícil que pasara inadvertido. Personas de diversos países le pedían una foto o un autógrafo. Y él, sorprendido, accedía a las peticiones como un novato. “No me esperaba esto”, dijo con asombro rodeado de más de una docena de personas.

A su lado, Javier Culson, con mayor experiencia en estos menesteres, sonreía y le hacía una advertencia.

“Esto es solo el inicio”, le dijo el vallista ponceño con su medalla de bronce. “Y si antes te tardabas una hora en llegar a un sitio, ahora te vas a demorar tres, pero es algo que vas a disfrutar mucho con el público”.

Fue el primer encuentro público de los únicos dos medallistas de la delegación de Puerto Rico en estos Juegos Olímpicos, que finalizaron ayer en Londres.

Ambos llevaban con orgullo sus respectivas preseas. Sus nombres quedarán grabados en la historia del deporte puertorriqueño, y ellos lo reconocen. Culson se convirtió en apenas el séptimo boricua en obtener un metal al finalizar tercero en la final de 400 metros con vallas y Espinal, el octavo, al lograr el subcampeonato en la categoría de 84 kilogramos. También son los primeros metales fuera del boxeo y, además, la primera ocasión que Puerto Rico logra dos preseas en unos Juegos desde el 1984 en Los Ángeles.

Espinal, igualmente, es tan solo el segundo atleta con una medalla de plata, acompañando al boxeador Luis Francisco Ortiz (1984).

Así que había razones para comprender la felicidad de ambos atletas. Era evidente en sus sonrisas al posar con los metales

“Es un orgullo para nosotros y más para los deportes que practicamos, que no son tan seguidos”, declaró Culson. “Sé que ahora las personas van a reconocer más el atletismo y la lucha, y sabemos que vamos a motivar más a los niños a explorar nuestros deportes y otros más”, agregó el corredor.

A diferencia de Culson, Espinal llegó a los Juegos sin ser un favorito para subir al podio. Su compañero Franklin Gómez sí lo era en la categoría de 60 kilos.


Y en la jornada del sábado, Espinal fue la sorpresa. Derrotó a sus primeros tres oponentes y aseguró el pase a la final, provocando la euforia entre los boricuas presentes en el ExCel Arena. En la lucha por el oro cayó frente a Sharif Sharifov.

Hasta ayer, Espinal aún no parecía creer que era un medallista olímpico.

“No creo que he asimilado lo que está pasando. Quizás, cuando llegue a Puerto Rico, lo entenderé mejor. Estoy bien contento con lo que estoy viviendo y sé que muchas cosas buenas van a pasar”, indicó Espinal.

“Y ahora me siento agradecido de estar aquí con el cangri”, manifestó Espinal al reflejar su admiración por Culson.

Antes de ayer, Culson y Espinal habían tenido poco tiempo para compartir. Ahora les esperan unos días intensos en la Isla. Y no solo a ellos, sino también al gimnasta Tommy Ramos, quien los acompañará al viaje a Puerto Rico mañana. Ramos, quien alcanzó la sexta posición en la final de anillas, aprovechó la ocasión de ayer para tocar y saborear las medallas. “Ya que estoy cerca quiero probar el sabor”, dijo Ramos al interrumpir la sesión de fotos y morder ambos metales.

Espinal no ocultó su ansiedad por conocer lo que le esperará mañana a su arribo a la Isla, donde serán recibidos en el aeropuerto Luis Muñoz Marín y luego participarán en una caravana hacia el Comité Olímpico.

Culson ya tiene una idea de lo que acontecerá, así que Espinal dijo que lo seguirá de cerca.

“Gracias a Dios que no llego solo y tendré a Culson al lado. A él le preguntaré qué hacer o qué no hacer. Voy a estar cerca de él”, señaló Espinal sonriendo, al tiempo que Culson le adelantó un consejo: “Usted solo disfrute el momento”.




Carlos Rosa Rosa - Primera Hora