Greg Oden no pisa una cancha desde 2009. Las rodillas de cristal no aguantarón el peso de la presión y cedieron a las primeras de cambio, dando al traste con uno de los proyectos más atractivos del futuro y en el que la NBA tenía puestas muchas esperanzas para ser el próximo gran pívot.
Oden nunca tuvo la oportunidad de demostrar su valía entre los mejores. La fragilidad de sus articulaciones le privó de ella. Y desde entonces lucha contra la medicina y contra su propio cuerpo para volver a intentarlo. Han pasado más de tres años desde su última aparición en una cancha, pero él no tira la toalla y ha recurrido a todo tipo de fórmulas para intentar volver.
Un retorno que, pese a su férrea voluntad, no tiene visos de llegar. Oden y su entorno -sobre todo su represenante aseguran que el jugador podría estar disponible a partir del mes de enero. Sin embargo, nadie ha llamado a las puertas del gigante de Buffalo, que empieza a perder la esperanza de poder sentirse jugador de la NBA otra vez.
"Esta vez no es como si hubiera algún equipo llamando a mi puerta, que no lo hay, y yo tampoco estoy diciendo que quiera ir a un equipo en concreto", aseguró Oden en una entrevista al Terre Haute Tribune-Star, antes de confirmar que está valorando otras opciones si no puede volver a jugar al baloncesto.
"Si sucede, sucede", afirmó sin tapujos. "Quiero jugar al baloncesto, pero si físicamente no puedo, tendré que avanzar. Sigo teniendo que levantarme cada día. En mis planes está el ser profesor de gimnasia. Tienen el mejor trabajo del mundo. Si lo piensas, tienen todos los fines de semana libres y pueden ir en chándal todo el día".
Un futuro que nada tiene que ver con aquel que se escribía en su época universitaria cuando todos le auguraban convertirse en una de las estrellas más rutilantes del firmamento NBA.
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