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Sugieren que Flor Meléndez debe renunciar porque no consiguió que Puerto Rico obtuviera el pasaporte a Londres 2012.




Para empezar, Flor debería renunciar por una simple razón: no consiguió que Puerto Rico obtuviera el pasaporte a la Olimpiada de Londres, en los dos torneos clasificatorios requeridos: el Preolímpico de Mar del Plata, con récord de 6-4; y en este Repechaje de Caracas, con 1-3, ganándole solamente a Jordania, un país tercermundista dentro del marco baloncestista.


Aunque pronto saldrán sus defensores por el aspecto trillado de que la Selección no necesita un coach extranjero y sí uno nativo, alguien tiene que cargar con la responsabilidad máxima del fracaso doble ante Grecia y Lituania.


Y no me vengan ahora con la cantaleta que él no debe ser el chivo expiatorio, ya que sí tenía en sus manos un equipo superior en el papel a República Dominicana y Nigeria, que llegaron aquí al Final Four; amén de que a él se le contrató para ganar y cuando esto se escapa en cualquier deporte no hay más remedio que salir del piloto, pues no se botan a los jugadores, que irónicamente son los actores principales.


Por más que se esgriman excusas, de esto o aquello, la dimisión de Flor, que tiene contrato hasta febrero de 2014, es obligada, en mi punto de vista, por no haber hallado la fórmula neutralizadora del pick-and-roll que griegos y lituanos, más el resto de los combinados europeos, ejecutan con maestría, lo que se sabía hasta la saciedad, y que fue veneno para Arroyo y Barea, que casi nunca podían escapar de las cortinas fuertes que les sometían, permitiendo entonces que sus defensas rivales dictaran sentencia con sus asistencias o sus propias anotaciones; a la vez que no recibían ayuda de sus compañeros en la detención de la penetración o el disparo corto o distante en espacios extremadamente libres.


Tengo entendido que en las prácticas últimas el freno al pick-and-roll consistente y modélico de griegos y lituanos no se sembró y cosechó a manos llenas; además de que ha quedado demostrado que la pareja de Arroyo y Barea es muy chica y defensivamente pobre para que inicie en torneos relevantes y frente a adversarios de mayor envergadura física y polivalencia, aunque en juegos regionales sí puede ser positiva.


Es más, en ocasiones da la impresión que Flor, o sus antecesores, no osan dejar a uno de ellos, cualquiera, en la banca, por temor, cuando suena el primer silbato, perdiendo así autoridad y quizá alternativas tácticas más congruentes con el oponente de turno.


Si bien es cierto que Grecia, eliminada por los nigerianos, y Lituania, son dos potencias mundiales, ubicadas 4 y 5 en el ranking de FIBA, la escuadra boricua es posiblemente la mejor de la pasada década, y dicho por el propio Flor y sus auxiliares, pero aún con exceso de individualidades, abusando  del llamado uno-contra-uno, y poca efectividad en la ejecución durante la etapa final, como se plasmara en el revés doloroso del viernes con el pase malo de Barea a Danny, muy custodiado en el centro de la zona pintada, y un fallo costoso de Peavy cerca de la línea de fondo.


Entretanto, era obvio que griegos y lituanos se sabían de memoria las jugadas de la tropa de Flor, tanto en ataque como en resguardo, de ahí que contrarrestaran con triples importantes  y sin toparse tampoco con muros de contención en la zona pintada en sus continuos drives.


Asimismo, no se puede esconder que hay ausencia olímpica borincana desde 2004, y anteriormente en el 2000, y esta sequía obliga la salida de Flor, tal como aconteció con Manolo Cintrón después de la eliminada en el Mundial de Turquía.


A Flor, pues, gracias por su esfuerzo y dedicación, pero adiós porque alguien debe ser el gran culpable de la no clasificación…



Por Chu García/ Para El Nuevo Día