Hace poco más de una década LeBron James paseaba por los pasillos del instituto St. Vincent & St. Mary de Ohio. No se trataba de un alumno más. Su talento para la práctica deportiva le había convertido en el personaje más popular del centro. Y aunque ahora se le conoce por sus hazañas en la cancha, en aquella época alternaba las gestas en el parqué con las que realizaba con un balón ovalado entre las manos.
Dotado de un talento innato para el deporte, LeBron lideraba al equipo de baloncesto del instituto con un juego impropio de alguien de su edad mientras que se convertía en la gran sensación del equipo de fútbol americano del mismo centro.
Los ojeadores de todo el país poblaban las gradas del pabellón del instituto para intentar convencer a la joven estrella. Sin embargo, quien más cerca estuvo de conseguirlo nada tenía que ver con el deporte de la canasta.
Fue Urban Meyer quien más cerca estuvo de convencer a la joven estrella para hacerse con sus servicios... como jugador de fútbol americano. El actual entrenador de Ohio State era entonces el preparador de los receptores de la prestigiosa Universidad de Notre Dame y a sus oídos llegó el nombre de un joven receptor que maravillaba a todos en Ohio.
Se trataba de LeBron James. Meyer viajó hasta Akron para hacerle una oferta que el joven estuvo a punto de aceptar en lo que hubiera supuesto un giro de 180 grados a la historia. "Era un grandísimo jugador", ha confesado el técnico en una reciente entrevista en la que ha desvelado que estuvo a punto de hacerse con sus servicios.
Al final, LeBron se echó para atrás y se decantó por el baloncesto. El actual jugador de los Heat desoyó a todos los reclutadores y dio el salto al baloncesto profesional, siendo elegido como número 1 del draft en 2003 y siendo considerado uno de los mejores jugadores de baloncesto de la historia.
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