Muchos dijeron que poner a Danny García enfrente de Amir Khan era un suicidio. Y tuvieron razón, fue un suicidio para el gran favorito.
Khan fue demolido en una de las más excitantes peleas de los últimos años. Aún recuerdo mi Zona Caliente posterior al triunfo de García sobre Erick El Terrible Morales. En ese entonces dije que García estaba listo para las grandes batallas y demostró mucho más que eso. Demostró su pasta de campeón. Y lo hizo de manera que no quedaran dudas. Pero vamos a entender esta pelea.
En primer lugar García llegó a la misma como una solución alternativa a la malograda revancha entre Khan y Lamont Peterson. Y lo eligieron por ser campeón [welter Jr. del Consejo Mundial de Boxeo]. Esa fue la única razón. Ni el equipo de Khan y ni la mayoría de los aficionados le daban un centavo de posibilidad. En las apuestas de Las Vegas previo al combate estaba 1-8. Esa marca habla por sí sola. El propio Khan salió a embestirlo desde el primer asalto, sin cuidarse demasiado en la defensa y tirando todo. Como si su convicción fuera que solo necesitaba un golpe que agenciarse un nuevo título. Así de fácil.
Pero García lo sorprendió. Primero por su serenidad y luego por la potencia de sus golpes. Al comienzo lo vimos cuidadoso, esperando al rival para ver cuál era su estrategia. Eso ocurrió en los dos primeros asaltos. Esperar y contragolpear, ese fue su plan. Cuando pudo sopesar que el poder en la punta del puño adversario era más propaganda que dinamita, entonces salió a campo descubierto a intercambiar, a fajarse y demostrar que su papel en esa historia era muy diferente al que todos esperaban.
En un histórico tercer asalto alcanzó a Khan con un gancho de izquierda sobre el cuello, muy cerca de la oreja y aunque Khan se recuperó a medias, el desenlace se veía venir. La debacle llegó en el cuarto asalto, tal vez candidato a ser el mejor round del 2012. Una impresionante secuencia de intercambios a cara descubierta donde García no sólo demostró su poder, también mostró su aguante y su guapeza. Khan fue a la lona dos veces, sus piernas no lo sostenían y el réferi Kenny Bayless decidió acertadamente parar la pelea.
Como reflexión final me quedan dudas sobre la dimensión de Khan como figura de élite. Hasta hoy lo han comercializado como un grande y necesariamente deberá tomar una gran dosis de humildad para recomponer su carrera. Como lo dijo al comienzo, tal vez suba al peso welter pero el lastre de esta derrota lo acompañará por mucho tiempo.
¿Y García? Ya tiene dos cinturones de campeón cruzados sobre el pecho [AMB y CMB] y se plantó fuerte en lo más alto de su competitiva división. Este sábado mostro que ha trabajado bien en aumentar la potencia de sus golpes. Tal vez ahora deberá trabajar en ganar velocidad y cerrar la brecha que deja descubierta cuando lanza sus volados. Y si bien se mostró maduro y paciente, tendrá que controlar la ansiedad de su entrenador y padre, Ángel García. No es nada bueno todo lo que dijo previo al combate, porque a los grandes campeones también hay que protegerles su imagen. Y ello no se logra con comentarios infelices o que puedan ser interpretados como tales.
Por encima de todo, el combate entre Garcia y Khan revitalizó al verdadero boxeo. Al del intercambio, al de la emoción. Aquél en el cual los fanáticos no se contienen en sus butacas o gritan en la soledad de la sala frente al televisor. Y en esos casos, es bueno agradecer a los dos rivales. Nos regalaron un gran espectáculo.
ESPNDeportes
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