Hay un solo equipo en toda la NBA que llega a la postemporada pidiendo pista como el conjunto a vencer, el que se da el lujo de saber que el recorrido en la Conferencia Oeste atraviesa el arduo suelo tejano, el que puede decir "Nosotros, señoras y señores, somos los campeones vigentes". Me refiero a los Dallas Mavericks, un equipo que no es el mismo de la campaña pasada y que ha tenido que lidiar con una temporada repleta de drama e inconsistencias este año.
El camino al bicampeonato no va a ser fácil, ya que comenzará en Los Ángeles contra unos Lakers sin Metta World Peace (suspendido por un juego en la temporada regular y seis en los playoffs) o en Oklahoma City contra el Thunder de Kevin Durant y Russell Westbrook. Eso depende de qué resultado saquen esta noche contra los Atlanta Hawks.
Sin embargo, a su entrenador Rick Carlisle no parece importarle tanto el potencial oponente como la concentración y ha puesto énfasis en la fortaleza mental de un equipo que supo barrer a los Lakers, venció al Thunder y derrotó al "Big 3" del Heat en Miami en las finales la postemporada pasada.
La defensa del título va a ser ardua, sin lugar a dudas.
Tengamos en cuenta que los Lakers de Kobe y Shaq fueron los últimos en defender su corona exitosamente hace diez años, pero los Mavs de Dirk Nowitzki y Jason Terry no están intimidados por la historia y tienen razones para ilusionarse con ganar el segundo anillo de la franquicia.
Lo bueno
Dirk Nowitzki: Al igual que la temporada pasada, las esperanzas de los Mavericks dependerán en gran parte del rendimiento de quien probablemente sea el mejor jugador europeo de todos los tiempos. Los Mavs van a necesitar que el ala pivote alemán rinda como el crack que promedió 25.5 puntos por partido durante las Finales contra Miami con su estilo de lanzar tiros tan... peculiar.
Nowitzki no tuvo una temporada regular destacada. Es más, la comenzó fuera de forma física y desmotivado, pero ha tenido asistencia perfecta desde su sabático de cuatro juegos y terminó la temporada regular como máximo anotador de su equipo con un respetable promedio de 21.6 puntos. A partir de ahora viene la mejor versión del jugador que carga con las expectativas de toda una ciudad en sus hombros.
El banco de suplentes: Los mejores equipos de la NBA tienen el recambio suficiente como para no sufrir bajones cuando sus figuras están fuera del partido, y los Mavericks cuentan con una banca a la que le sobra calidad y experiencia.
Todos conocemos a Jason Terry, el "Jet" que voló más alto que nunca en el sexto y definitivo partido de las Finales en Miami como máximo anotador del encuentro con 27 unidades. Terry podría estar jugando sus últimos partidos como integrante de los Mavs, ya que será agente libre después de esta temporada a los 34 años y el club todavía no le ha renovado el contrato.
Dallas tambien cuenta con Vince Carter, quien está lejos de sus días de gloria con volcadas inolvidables en los Juegos Olímpicos, pero todavía puede ser un anotador productivo, y Rodrigue Beabuois, el escolta francés que compensa por su falta de efectividad ofensiva con su capacidad defensiva.
Tampoco se olviden de Dominique Jones, el escolta proveniente de la Universidad de South Florida que podría ser una variante muy interesante para Carlisle cuando necesite un anotador más en la cancha.
Ya no está Lamar Odom: La salida del alero ha descomprimido al ambiente en el vestuario y le permite a los Mavericks concentrarse pura y exclusivamente en lo que sucede dentro del campo de juego y no fuera de él. Odom hubiese sido un factor importantísimo para Dallas si rendía como solía hacerlo en Los Ángeles, pero sin embargo no lo fue y pareció un zombie deambulante de aro a aro sin motivación ni esfuerzo alguno durante gran parte de la temporada.
Lo malo
La ausencia de Chandler: Si mi memoria no me engaña, Tyson Chandler fue el Nowitzki de la defensa para Dallas durante la postemporada pasada. Su dominio de la zona pintada fue incuestionable y fortaleció la actitud general de un equipo sobre el que todos solían tener la percepción de que era "suave" antes de su llegada. Chandler supo limitar las penetraciones de Brandon Roy, Kobe Bryant y Kevin Durant la temporada pasada y fue uno de los principales componentes del colapso mental de LeBron James durante las Finales. Ahora Chandler forma parte de los New York Knicks, y todavía queda por verse si Brendan Haywood y Brandan Wright podrán emular al impacto del pivote de 29 años en esta edición de los playoffs.
¿Quién penetra la zona pintada?: Otro aspecto clave del camino al título para Dallas la temporada pasada fue el rendimiento fenomenal de José Juan Barea. El escolta puertorriqueño no sólo sacó de quicio a World Peace y Andrew Bynum en la serie contra los Lakers, sino que también le complicó la vida al Heat con sus frecuentes incursiones directo al aro sin miedo a pesar de su 1.83 de altura y 79 kilos de peso.
Terry ha intentado suplir su ausencia atacando el aro con más frecuencia últimamente, ya que en sus propias palabras "alguien debe hacerlo", pero ese no es su estilo predilecto de juego. Los Mavericks van a tener que solucionar este problema si pretenden levantar la copa una vez más a mediados de junio.
Sus problemas como visitante: Los Mavs de la temporada pasada fueron excepcionales fuera de casa con una marca de 28-13 en la campaña regular que les dio la confianza para ganar en Portland, Los Ángeles, Oklahoma City y Miami en los playoffs. La versión actual de este equipo posee una marca de 13-19 fuera de casa con un partido por jugar en Atlanta y no parecen tener la consistencia necesaria para estar seguros de que pueden ganar un partido definitorio en territorio hostil esta vez.
Predicción: Los Mavericks no están a la altura de un Thunder que ha evolucionado mucho esta temporada y caerán en la primera fase si deben enfrentarse a ellos. Dallas puede derrotar a los Lakers, pero eventualmente se encontraría con Oklahoma City en la segunda ronda y hasta ahí llegarían sus aspiraciones como defensor del título.
por Martín Bater - ESPNDeportes
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